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Terry Rozier solo tiene una velocidad, ir lo más rápido posible. Esto tiene sus ventajas e inconvenientes. Viendo el vaso medio lleno, Rozier es una persona que vive cada momento como si fuese el último, intentando maximizar cada segundo de su existencia. Viéndolo medio vacío, no siempre las prisas son buenas, y teniendo toda la vida por delante, no está demás pararte a disfrutar de lo que te rodea, a contemplarlo.


Cuando se enfunda la vestimenta de los Boston Celtics el base de Ohio no cambia de filosofía. En defensa, si el sistema se lo permite, no le gusta perder mucho tiempo, siempre ha preferido darse prisa por robar. En ataque, y como consecuencia de lo anterior, tampoco ha sido de jugar calmado. Siempre con la premisa de hacerlo todo lo más rápido posible, porque así puedes hacerlo más veces, en su tercer año en la liga, el pick nº16 del Draft 2015, ha encontrado su sitio.

Y ha encontrado su sitio porque Brad Stevens le ha dejado ser quién es, algo que siempre ha hecho, pero dentro de un sistema que puede explotar mucho más las cualidades que hacen al jugador especial.

Estos nuevos Boston Celtics, agresivos en defensa y con ganas de correr, representan al más puro e indomable Terry Rozier, ese jugador que explota para coger un rebote, y que en menos de 6 segundos ya está atacando el aro rival, con un resultado que no siempre tiene porque ser bueno.

Así, nos encontramos con un Rozier que en defensa está viviendo uno de sus mejores momentos, recordando al jugador que volaba, saltaba y molestaba a todos en ese sistema caótico que eran los Cardinals de Pitino. En su época universitaria, y con libertad de presión sin límites, el por entonces número #0 sacaba todo el jugo posible a su envergadura, velocidad e instinto para el robo.

Brad Stevens está dejando libertad a ciertos jugadores para que hagan valer sus instintos, y gracias a esto, Rozier ha podido volver a ese estilo que gustó tanto, no faltando a su cita con las desesperantes bandejas que sigue fallando.

Sin el agobio táctico que suponía Isaiah Thomas, y con otros encargados de labores más “personales”, Rozier tiene fijada una misión clara: ser el depredador que ponga en peligro todos los pases que quiera hacer el equipo contrario. Y se le está dando muy bien.

Él, y un sorprendente Kyrie Irving, están realizando una labor estupenda en este tipo de acciones, dejando muchas veces a un lado el marcaje individual, para volar por la cancha intentado pescar algún pase demasiado telegrafiado. Brad Stevens toma riesgos en defensa para correr en ataque, y nadie mejor que Rozier para hacer funcionar esto.

 

En ataque no se está complicando, y pese a su constante irregularidad, los Celtics están confiando en él para asumir mucho peso de una segunda unidad con poca experiencia, que necesita chispa, imaginación y un poco de ritmo para conseguir funcionar.

Rozier está sabiendo mover la pelota de manera correcta, interpretando bien el sistema ofensivo planteado desde el banquillo,  con un aceptable acierto en el tiro y una confianza en su bote que le ha valido para aumentar su peso en un equipo que, con la lesión de Gordon Hayward, necesitaba un empujón.

Como comentamos en el Podcast de pretemporada, Brad Stevens está buscando una ofensiva temprana que facilite las cosas a sus chicos. El tipo de ataque que pretenden plantear los Celtics necesita de mucha maduración para que los jugadores se conozcan y así puedan “leer y reaccionar” correctamente. Con el tren a todo vapor, el entrenador consigue puntos fáciles que permiten un desahogo al sistema, ganando un tiempo necesario para que las piezas se vayan encontrando cómodas.

Rozier se encuentra en su salsa en este tipo de situaciones. Aunque ya hemos visto que ha mejorado su juego en estacionado, y que su lectura se empieza a encontrar con lo que requiere el sistema, el base explota sus cualidades en jugadas rápidas, que puedan coger a la defensa desprevenida, en movimiento.

Este tipo de directiva tiene sus defectos, no siempre sale bien. Lo primero es que, por simple estadística, alguna vez te vas a pasar de frenada. Lo segundo, y esto por algo individual, Terry Rozier vive del caos, y, para malestar de muchos, no siempre termina resolviendo bien la papeleta.

Aunque los hijos de la anarquía te puedan provocar más de un susto, nunca viene mal contar con uno en tus filas. Ese jugador que rompa la dinámica, a veces demasiado, que pille a los rivales despistados, que falle cuatro seguidas y, acto seguido, meta otras cuatro. Rozier es un base suplente que muchos equipos matarían por tener, estando a la altura de jugadores de funciones similares como: Shaun Livingston, Andre Iguodala, Lou Williams, Mario Chalmers, Tyler Johnson, Matthew Dellavedova, Raymond Felton o Patty Mills.

 

Minutos Puntos Rebotes Asistencias
Terry Rozier 26 9 5.7

2.7

S. Livingston

16 5 2.3

2.1

A. Iguodala

26 4.6 3

4

L. Williams

22 13.2 1.8

3.8

M. Chalmers

23 7.6 2

3

Tyler Johnson

26 9.8 2.3

1.7

M. Dellavedova

23 5 2

3.7

R.Felton

18 8.3 1.8

2.2

Patty Mills 22 6.1 1

3

 

Brad Stevens, tras un verano de locos, vio claro que quería centrarse en la defensa. Su sueño húmedo de conseguir un equipo versátil se vio cumplido, y decidió empezar el curso trabajando un aspecto defensivo que está dando sus frutos. Para ello, decidió establecer un nuevo patrón, volviendo atrás en el tiempo, a esos Cetlics que presionaban las líneas de pase, obteniendo, además de una defensa asfixiante, una ventaja ofensiva. Con la premisa de ser agresivos atrás, y rápidos delante, un simple vistazo al banquillo le dejó claro que Rozier iba a tener un papel importante en ese sistema, porque parecían hechos a medida.

El tercero de su nombre, en su tercer año, está consiguiendo peso en un equipo que aspira al trono del Este. Con un estilo que provoca los mismos amores que odios, y tan rápido que no te da tiempo ni a insultarlo cuando hace una de “sus cosas”, Terry Rozier se ha montado en el tren y, subas o no, ten por seguro que no va a esperarte, la vida es corta, y sus posesiones menos.

 

 

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