Robert Williams III, «the TimeLord«, siempre ha sido querido en esta casa y ojito derecho de la afición de los Boston Celtics. Desde aquella precipitada llegada a la franquicia de Massachussetts, cuando desapareció durante 24 horas tras ser elegido por Danny Ainge y todo parecía confirmar que el jugador había caído tanto en el NBA Draft 2018 más por culpa de su cabecita que de sus rodillas, el pívot siempre ha sido uno de los favoritos del aficionado.

Los motivos son fáciles de entender: tanto talento como atleticismo, joven con fama de vago e historia de redención en Boston. Además, como esa pareja que cada vez que te ponía los cuernos te lo recompensaba con más cariño del habitual, el 50 % de las veces que Robert Williams pierde su marca en defensa acaba corrigiéndolo con un tapón espectacular.

¿Sería mejor que no perdiese su marca en el primer lugar? Sí, pero ¿a quién no le gusta el sexo post-movida?

Bromas aparte, Robert Williams ha sabido aprovechar la lesión de Enes Kanter para hacerse un hueco en la rotación de un Brad Stevens que ya empezó con él de titular el primer partido de pre-temporada, lo que deja entrever que el entrenador ya tenía entre sus planes para este curso 2019/20 al menos ver de qué está hecho el joven jugador de Luisiana.

Si Daniel Theis sigue siendo la opción más segura que tiene Stevens a día de hoy para la posición de #5 gracias a su polivalencia defensiva, protección del aro y una capacidad de abrir la cancha que de momento no está apareciendo por ningún lado a causa de su poco acierto de tres, Williams es la más excitante para el aficionado sin dejar de ser útil para su entrenador y equipo.

El año pasado todo lo que dejó TimeLord durante los pocos minutos que estuvo en pista fue poco más que highlights defensivos, en su totalidad tapones. Este año, gracias a un mayor tiempo en pista, un innegable mejor estado de forma – además de tarde, el año pasado llegó pasado de peso y lento, y todo el trabajo realizado durante los últimos 12 meses, está dejando claro cuál es su potencial como jugador.

 

 

En defensa sus cualidades son evidentes: gran taponador, potencial para ser un defensor versátil el día que deje de comerse todos los amagos rivales y buen reboteador defensivo por encima del aro. Sin exagerar, tiene todas las herramientas necesarias para convertirse en uno de los mejores defensores interiores de la NBA.

Los datos arrojan que los Boston Celtics solo permiten 40.2 puntos en la pintura cada 100 posesiones cuando Robert Williams III está en la pista, números solo superados por Los Angeles Lakers… que cuentan con Dwight Howard y Anthony Davis en la pintura.
 

 

Donde surgen más dudas es en la faceta ofensiva. Quizás el más beneficiado de los Boston Celtics tras la salida de Terry Rozier, a día de hoy Robert Williams vive en ataque a base de ejecutar acciones de pick and roll con Marcus Smart, Kemba Walker y Gordon Hayward – pasar de el Tren a esto debe ser parecido a lo que sintió Shia Saide LaBeouf cuando dejó de hacer películas con Michael Bay a ser dirigido por Lars von Trier.

En una de sus mil contradicciones, un jugador incapaz de meter una canasta a dos metros del aro y con evidentes carencias para entender el sistema del equipo en ambos lados de la cancha, es uno de los mejores pasadores del equipo. Sus dos asistencias en 15 minutos de juego son una buena marca para un jugador interior de sus características ofensivas (DeAndre Jordan promedia 0,9 en su carrera en 29,1 minutos) y no digamos ya defensivas (Hassan Whiteside se queda en 0,6 en 26).

Los aficionados de los Boston Celtics llorando por un perfil como el suyo desde la salida de Kendrick Perkins, con solo los dos años Aron Baynes como metadona, pero puede que esos días lleguen muy pronto a su fin.

 

«He’s like fire and ice. He’s like the night and the storm in the heart of the sun. He’s ancient and forever. He burns at the center of time and he can see the turn of the universe. And… he’s wonderful.»