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Una noche más, los Boston Celtics llegaban al NBA Draft envueltos en innumerables rumores tanto de traspaso por jugadores (Kawhi Leonard) como de rondas (subir hasta el top-4 para hacerse con Luka Doncic). Al final, como viene siendo habitual, Danny Ainge acabó eligiendo en las posiciones correspondientes y por no moverse, ni siquiera compró una segunda ronda como todos los analistas de salary cup y roster building recomendaban. Finalmente, el jugador elegido por los Boston Celtics con su vigésimo séptima posición fue Robert Williams, el sophomore de Texas A&M.

 

Robert Williams es un center de una gran capacidad atlética y con un gran potencial defensivo una vez mejore sus fundamentos y juego de pies. Tiene buen instinto para el rebote y, sobre todo, taponar, lo que puede que acabe permitiéndole ser una presencia defensiva que modifique o altere los tiros de sus rivales. Las mayores dudas que presenta son sobre todo extradeportivas, siendo un jugador con fama de no tener una gran ética de trabajo ni de ser especialmente lúcido, tanto dentro como fuera de las pistas de baloncesto.

En el terreno personal he de decir que este pick me habría hecho mucho más feliz en 2015 de lo que lo hace en 2018. Su perfil meramente defensivo, así como su incapacidad para abrir la pista y falta de IQ, hacen de él el ejemplo perfecto de eso que en esta casa nos gusta denominar como tarugo. Los Boston Celtics llevan careciendo de un jugador confiable con estas características desde la salida de Kendrick Perkins y si bien en el pasado hubo intentos de conseguirlo (Fab Melo, Víctor Faverani…), desde la llegada de Brad Stevens con todo su equipo de analistas, es un tipo de jugador que se había descartado completamente.

Aún así, es difícil no estar contento con su elección. Pese a que Williams no tiene la capacidad de abrir la cancha que sí tiene Daniel Theis, no es descabellado que puede acabar desarrollando un tiro confiable, y con él sería una pieza de un gran valor para los Boston Celtics y en especial para Al Horford. Tras la lesión de alemán Brad Stevens se quedó sin esa pieza que poner al lado del dominicano y liberarle así del desgaste que supone fajarse con los pivots rivales. Robert Williams podría ser ese jugador que poner a la espalda de Al Horford y si bien no puede aportar mucho en ataque a día de hoy – esperen, eso sí, ver muchos alley-oops, es difícil pensar que no pueda dejar su huella en el costado defensivo.

En el mejor de los escenarios Williams podría acabar siendo una versión más pequeña y atlética e DeAndre Jordan, mientras que si no se desarrolla al nivel deseado por el cuerpo técnico de Brad Stevens los Boston Celtics podrían acabar con un saltimbanqui al estilo Kenneth Faried.

En definitiva, una grandísima elección por parte de Danny Ainge y su equipo puesto que han conseguido talento de lotería – los mocks más optimistas le situaban en posiciones cercanas a la 10 y los más desconfiados no le dejaban pasar de la 20, en los últimos puestos de primera ronda.