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Con la manta eléctrica en el respaldo de su asiento y un libro de estudios socioculturales a la solitaria luz de una lámpara. La concentración es máxima en la materia en cuestión, pero unas carcajadas se escuchan desde la ventana. Esas voces y risas resultan familiares. Subida de persiana, un vistazo, y ahí están los amigos pasándoselo en grande. El tipo duro, el niño bonito del barrio, el que le gusta disfrazarse de viejo, el chaval latino, el chico de intercambio, el de la máscara de Scream… Hasta aquel que se tiró con muletas encerrado en su casa con los videojuegos.

Hace una semana había un ambiente enrarecido en el grupo; como si alguien hubiese besado a la novia del otro. Nadie sonreía, cuando hablaban con otra gente los mensajes eran contradictorios, y los padres estaban preocupados por lo que hacían los chicos durante el día. “¿Por qué ahora se lo están pasando bien cuando no salgo?”, se pregunta el empollón. Ese variopinto grupo son los Boston Celtics, y ese chaval momentáneamente desplazado se llama Jaylen Brown.

Los problemas de espalda del alumno modélico de la Universidad de California han aliviado por unos días a un Brad Stevens que prefería cabecear un muro que pensar en la rotación de la plantilla. Esta lesión de Brown acabó por introducir a Marcus Smart en el quinteto titular como vimos la semana pasada, y los resultados han sido incuestionables. Pleno de victorias para los Celtics y, sobre todo, el mejor baloncesto en lo que se lleva de curso.

Y aquí llega de nuevo el “problema”. Brown ya está listo para regresar a las pistas y el técnico de Boston tiene que decidir si mantener la misma alineación o volver a situar a Jaylen entre los titulares. Nada fácil. Por lo que parece, Stevens va a seguir confiando en la misma fórmula con Smart de inicio aunque todavía no lo ha afirmado completamente.

Si se acaba confirmando, Brown recogerá uno de los bastones de mando de la segunda unidad y tendrá que ganarse el pan desde el banquillo como está haciendo Gordon Hayward en las últimas fechas. Si esta nueva sociedad con otros actores más secundarios triunfa, los Celtics pueden encontrar un filón que explotar de cara a escalar en la clasificación y lograr sus objetivos a final de temporada.

La pandilla parece haber cambiado, pero en el fondo es la misma con un retoque en los roles. Los guays siguen siendo los mismos aunque papá Brad deje salir a unos antes que a otros y la hora de vuelta a casa sea más o menos flexible según cada caso. Jaylen Brown estaba teniendo problemas encontrando su sitio en estos Celtics, y partiendo desde el banquillo puede haber hallado un nicho en el que volver a convertirse en uno de los líderes.

 

Los Celtics y el problema de la mesura

 

Gordon Hayward habló por primera vez como miembro de los Boston Celtics.

Gordon Hayward renace con los Boston Celtics.

 

Minnesota, hogar de los renacidos. En el poco tiempo que llevamos de campaña, la cancha de los Timberwolves ha sido testigo de dos ascensos desde los infiernos de la liga (por lo menos no jugaban en los Knicks). Primero fue Derrick Rose con sus 50 puntos después de que muchos pensaran que ya estaba retirado, y más recientemente, en la visita de los Celtics a Minny, Gordon Hayward dejó su mejor actuación con la elástica verde.

El alero de los Celtics fue clave en el triunfo a domicilio con 30 tantos y casi un triple-doble; una auténtica exhibición. Además, el ex de los Jazz fue el protagonista en los instantes finales para sentenciar el encuentro y evitar un susto de parte de Karl-Anthony Towns y compañía. Numerazos, victoria y una lluvia de elogios y bebidas isotónicas de parte de sus compañeros.

Todo salió a pedir de boca, y con esta excelsa actuación llegaron los correspondientes y esperados comentarios y/o titulares. “Gordon Hayward ha vuelto”; “Mejor sexto hombre del año”; “All-Star”; “MVP”; “Canciller Supremo de la República Galáctica”. En fin, todo menos algo de mesura.

Cierto es que Hayward y su franca mejoría tiene mucho que ver en el buen hacer de los Celtics en la última semana, pero muchos olvidan una vez más de qué posición venimos. El alero ha tenido que regresar prácticamente a la casilla de salida de su carrera para volver a encontrar el ritmo y las sensaciones que lo vuelvan a aupar a su legítimo lugar. Ahora, por un puñado de buenos partidos, queremos que llegue al final del tablero en una simple tirada.

El eterno problema de intentar acortar plazos. Todavía queda tiempo para ver a ese Hayward que los aficionados quieren y el equipo necesita, y aunque las buenas noticias se vayan convirtiendo paulatinamente en tónica habitual, no hay que perder de vista la realidad. Mesura, que luego buscan traspaso en cuanto falle dos triples.

 

Miedo y asco en Chicago

 

En un giro dramático de los acontecimientos, los Bulls tienen problemas. Nadie podía imaginárselo. Un equipo que debería estar pensando en tanquear y desarrollar a los prometedores jóvenes que tienen en sus filas figura último en la Conferencia Este con tan solo cinco victorias. Qué sorpresas te da la vida.

Chicago está siguiendo en guión que todos esperábamos en una temporada completamente de transición, pero la célebre y sesuda dirección de la franquicia de Illinois había apostado el sueldo de Kris Dunn a que su equipo iba a estar primero en las clasificaciones y media liga intentaría un traspaso de un jugador All-Star a cambio de Denzel Valentine. Vaya…

Ante esa decepción, los Bulls procedieron a despedir a Fred Hoiberg de manera fulminante dejando el cargo en manos del interino Jim Boylen. La destitución del técnico fue algo inesperada dado que, de nuevo, nadie podía anticipar muchos mejores resultados. Gar Forman y John Paxson estaban bajo influencias de sustancias sospechosas al analizar sus objetivos en la pretemporada. Genios incomprendidos. Y con lo querido que era el bueno de Hoiberg en el vestuario.

 

No todos son malas noticias allá por Chicago. Al menos, el inmensamente agradecido Lauri Markkanen está de vuelta, Zach LaVine está rindiendo a un muy buen nivel y Wendell Carter Jr. ha confirmado todas las esperanzas que se depositaron en él con el Draft. Con el entrenador fuera, los Bulls no han ahuyentado sus fantasmas ni por asomo, y es que, de una vez por todas, quizás toque mirar a los despachos. O mejor no. Así es mucho más divertido.