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Decía Tony D’Amato, el personaje de Al Pacino en la espléndida ‘Un domingo cualquiera‘ (Oliver Stone, 1999), que tanto la vida como el fútbol eran cuestión de pulgadas. No se equivocaba. La contundencia y profundidad de este discurso ha convertido a la escena en cuestión en una de las más recordadas del cine contemporáneo en general, y del género de películas deportivas en particular.

Y precisamente de este genial monólogo surge la idea de esta nueva sección que llegará a la mundialmente aclamada web de ‘Despacho Celtics’ cada miércoles (ya sé que tampoco me he currado mucho el nombre). Pulgada a pulgada compartiré con ustedes mis absurdas, estúpidas y, por supuesto, sesgadas visiones sobre la franquicia de Boston.

Pero no solo eso. Como en esta santa casa se me da irresponsablemente la libertad para escribir sin tener que dar demasiadas explicaciones, también tendrá su hueco el resto de la NBA y, si se tercia, aquello que esté ocupando mi castigada cabeza en los escasos momentos de inspiración que en ella acontecen. Quedan avisados.

Posiblemente, esta será la última vez que hablemos de D’Amato y ahora el protagonista será Brad Stevens. En cuanto al personaje de Willie Beamen interpretado por Jamie Foxx, para el que no haya visto la película podríamos resumir que es un Quarterback suplente que acaba haciéndose con el puesto por las lesiones y se convierte en una estrella dentro y fuera del campo. Creo que la referencia está clara. Y sí, vamos a hablar mucho de él. Arrancamos.

Celtics Terry Rozier Willie Beamen

Willie Beamen (Jamie Foxx) y Terry Rozier. ¿Solo lo veo yo?

 

Los ¿nuevos? Celtics

 

Por primera vez en varios años, Boston tuvo un verano bastante tranquilo en lo que a su franquicia de baloncesto se refiere. Sin ningún pick alto en el Draft de 2018 y con una cierta estabilidad en la plantilla que hacía pensar en que Danny Ainge iba a estar calmado disfrutando de las vacaciones, los Celtics no incorporaron ningún jugador de campanillas. Eso sí, la gerencia se encargó de cerrar las renovaciones de pilares fundamentales como Marcus Smart y Aron Baynes. En el caso del primero, tampoco fue coser y cantar.

Esto significaba que salvo ligeras variaciones, el roster sería prácticamente el mismo que en la campaña anterior. No obstante, mucho había cambiado. Recuperar a Kyrie Irving y Gordon Hayward era indirectamente el mejor fichaje que se podía acometer. Buenas noticias en cuanto a las aspiraciones de los Celtics, pero un rompecabezas tremendo para la cabeza de Brad Stevens.

¿Cómo reducir los minutos y la importancia de jugadores que, contra casi todo pronóstico, casi meten al equipo en las Finales? Si entrenar fuera sencillo, Jason Kidd seguiría en Milwaukee y no tendríamos que preocuparnos por los Bucks. Las dudas acerca de la reestructuración de la rotación y el estado físico de Irving y Hayward eran perfectamente legítimas, y ver los diez primeros partidos de la temporada en el calendario tampoco empujaba al optimismo.

Tras siete encuentros ya jugados, los Celtics suman cinco victorias; tres de ellas de manera consecutiva. Las sensaciones cada vez están siendo mejores, pero tras un correcto debut ante los 76ers comenzaron a sonar las alarmas. Los jugadores que volvían tras muchos meses de inactividad estaban faltos de ritmo, los lanzamientos liberados no se fallaban precisamente por pulgadas, y Jaylen Brown parecía haber perdido su mojo.

Después del tradicional correctivo en Toronto y la no menos habitual derrota ante los Orlando Magic, los comentarios de los aficionados de los Celtics fueron los esperados. “Este equipo ya no defiende a nadie”; “Kyrie Irving está pasando para irse a Nueva York este verano”; “Jaylen Brown es una adolescente celosa”; “estos Celtics no ganaban ni la Liga Endesa”; y, cómo no: “Sigamos sobrepagando a Al Horford”. Nada nuevo bajo el sol.

La acumulación de victorias por parte de los Bucks y los Raptors con la correspondiente vuelta de Kawhi Leonard a un buenísimo nivel tampoco ayudaba a la causa. Nada importa porque estos Celtics siguen a lo suyo. Irving cada vez está más metido en el circuito de ataque, Jayson Tatum es el hijo pródigo, y el banquillo liderado por un descomunal Marcus Morris es todo aquello que habíamos pedido cada Navidad. Respiremos, que aún queda mucho que sufrir.

 

Angry LeBron, Sad Lue

 

Pronto empezamos. En apenas un par de semanas, los Lakers están asimilando la realidad. Puede ser, y digo puede, que los angelinos no ganen 60 partidos en la temporada regular y acaben sorprendiendo a los Warriors en los Playoffs. El hype retornó este verano a la casa de donde nunca debió haberse marchado, aunque sus efectos parecen estar difuminándose tras la cuantiosa suma de siete partidos jugados y dos triunfos.

Todo esto ha provocado que, tras la última derrota ante los estables y calmados Timberwolves, LeBron James mostrara que la paciencia no es una de sus virtudes. Honestamente, parece extraño que el hecho de que su equipo no defienda ni a sus familiares esté cabreando a ‘El Rey’. Lo que hizo con los Cavaliers en la pasada campaña regular tampoco se puede calificar como defensa.

Que todo el mundo esté tranquilo. Lo más probable es que los Lakers finalicen el curso con un récord positivo y dentro de los Playoffs tras varios años de sillón, cerveza y el canal TNT en la televisión para disfrutar de la postemporada. Eso no quita para observar gozosos como los humos del eterno rival bajan con cada partido. Y si la cosa no funciona, siempre quedará la carrera pugilística de Rajon Rondo.

En otro orden de cosas, no hemos tenido que esperar mucho para saber el nombre del primer entrenador que engrosa las listas del paro en la NBA. No estás solo, Julen. Tras un fulgurante inicio con seis derrotas consecutivas, los Cavaliers han enseñado la puerta a Tyronn Lue tras probar las mieles del éxito hace un año y medio sujetando la pizarra para LeBron James.

El interino Larry Drew ha heredado el puesto de técnico jefe a regañadientes y, todo sea dicho, ha sumado la primera victoria de Cleveland en lo que llevamos de temporada. Además con la ausencia de Kevin Love por lesión. Mucho tendrá que cambiar la cosa para que, según comentó Tristan Thompson antes de que comenzara el curso, los Cavs sigan siendo el mejor equipo de la Conferencia Este.

 

Bonus track: Ciudad de campeones

 

Como por contrato tenemos que apoyar a cualquier equipo de Boston ya sea de fútbol americano, béisbol o curling (salvo la excepción de los Tampa Bay Buccaneers), hay que hablar de los Red Sox. El conjunto de Massachusetts levantó el pasado domingo el título de las Series Mundiales de béisbol tras derrotar a Los Angeles Dodgers por un global de 4-1 en la serie. Ver a un equipo de Boston ganar un trofeo en L.A. siempre es motivo de orgullo y alegría.

Los Red Sox completaron un año de ensueño siendo el mejor equipo durante la campaña regular y arrasando en la postemporada a conjuntos tan potentes como los Yankees, los Astros y, finalmente, los Dodgers. Con un resucitado y ya convertido en héroe David Price, con la emocionante actuación de Nathan Eovaldi en un partido que se alargó hasta las siete horas (perdió Boston, pero ya qué más da), y con el bate del MVP Steve Pearce, los Red Sox se hicieron con sus cuartas World Series en lo que va de siglo (’04, ’07, ’13 y ’18).

Este último éxito no hace más que confirmar el gran momento del deporte en Boston. Desde 2001, las franquicias de la ciudad han sumado ya once trofeos y construyen, por pleno derecho, el hogar de los campeones. El equipo más exitoso sigue siendo los New England Patriots de la NFL con cinco entorchados (’01, ’03, ’04, ’14 y ’16) de la mano del binomio Tom Brady en el campo y Bill Belichick en la banda. En segunda posición nos encontramos con los Red Sox, mientras que los Bruins en la NHL (’11) y los Celtics (’08) suman uno en sus respectivas cuentas. Good times.