Seis victorias seguidas. Ni más ni menos. Los Boston Celtics han vuelto por la puerta grande después de poner los pies en el infierno con puntos tan bajos como perder ante los New York Knicks, o eso se está diciendo. Como si se tratara de ese enemigo acérrimo que reside junto a las playas del Pacífico, una serie de triunfos ha cambiado la dirección de la brújula. De lo más desastroso de toda la liga, a un equipo que vuelve a ser candidato a todo en un par de semanas.

Solo ha hecho falta un extenso periodo de descanso con pocos encuentros por disputar y ganar a los peores equipos de la NBA para silenciar lo que antes eran alarmas ensordecedoras. Desde luego que el alivio de volver a vencer y, sobre todo, las sensaciones del conjunto de Brad Stevens dentro de la cancha, distan mucho de lo vivido en los últimos compases de noviembre. No obstante, echando un vistazo a las circunstancias en cuestión, quizás se este siendo optimista de más.

Después del chorreo anual de J.J. Barea a los verdes en Dallas, los Celtics han encadenado su mejor racha en lo que llevamos de campaña. La retahíla de rivales que se han cruzado en el camino de Boston impone menos que DeAndre Jordan más allá de la línea de triple. Pelicans, Cavaliers, Timberwolves, Knicks, Bulls y Pelicans de nuevo. Si en la NBA se pudiera descender, estaríamos hablando de los máximos candidatos a desaparecer. Alguno se lo merece de hecho.

Quitando el encuentro en Minnesota (los Wolves tienen algo más de identidad), el resultado no debería ser diferente para los de la franquicia de Massachusetts. No es casualidad que los nueve puntos de ventaja hayan sido la victoria más corta de toda esta racha. Recopilando los seis partidos, el triunfo medio de estos Celtics ha sido de 26 tantos. Tampoco podemos obviar que la histórica victoria por 56 puntos a los Bulls ha ayudado mucho a esta particular estadística. El dominio ha sido absoluto.

¿Estamos teniendo la enorme fortuna de poder ver al mejor equipo de la historia? ¿Hablaremos a nuestros hijos/as de aquella vez que ganamos a los Cavs de Tristan Thompson? En ambas cuestiones, todo parece indicar que sí. Siendo serios y reconociendo de nuevo la significativa mejora en cuento al baloncesto de estos Celtics, estos duelos no pueden demostrar de forma irrefutable que Boston vaya a pelear por el trofeo Larry O’Brien ni será el final de los quebraderos de cabeza con una plantilla tan cargada.

Los próximos dos rivales de los chicos de Stevens (Wizards y Hawks) hacen creer que esta racha triunfal puede tener una continuidad próxima. El calendario que tanto había castigado a los Celtics en los primeros días de la nueva temporada, ahora ha levantado el pie y está permitiendo a los verdes coger una bien necesitada confianza. Las noticias son buenas, pero no hay que perder la perspectiva.

 

La enfermería de los Celtics

De todos los trabajadores en la franquicia de Boston, ahora mismo el foco principal del mismo recae en dos partes. La primera es un equipo médico al que le faltan horas en el día para atender a todos los problemas en la plantilla. El otro es la sección de prensa que tiene que recopilar todos los nombres de lesionados y redactar la correspondiente nota.

Entre descansos pactados, pequeños problemas físicos y lesiones de algo más de magnitud, los Celtics han tenido que ir ajustando la rotación partido a partido. Pocos jugadores han llegado a este punto del curso intactos, y el culmen de la cuestión se pudo ver en el último partido ante los Pelicans. Solo Jayson Tatum se mantiene intacto (a Dios gracias).

Hasta cinco jugadores no se vistieron de corto en la visita de New Orleans. Aron Baynes y Guerschon Yabusele con sendas torceduras de tobillo, Gordon Hayward por enfermedad, y Kyrie Irving y Al Horford con molestias en hombro y rodilla respectivamente. Desde luego, no está nada mal. Al menos, los Celtics se pueden dar con un canto en los dientes ya que ninguna de estas lesiones reviste demasiada gravedad en principio.

El problema viene de lejos y no es un hecho aislado en la etapa reciente de Boston. En la mayoría de cursos hemos visto como jugadores claves caían en momentos vitales para el equipo. No hace falta echar la vista muy atrás para recordar el caso de un Isaiah Thomas que encadenó la muerte de su hermana, un golpe que acabó con varios de sus dientes en el suelo, y una lesión en la cadera que aún hoy sigue lastrando su carrera. Por si fuera poco, un tal Gordon Hayward vio cómo su pierna se salía del sitio habitual a los cinco minutos de arrancar la temporada.

La suerte no se ha aliado precisamente con estos Celtics y, de momento, poco a poco están entrando en una dinámica peligrosa de cara a los grandes objetivos puestos en este año. Aunque afortunadamente Boston no ha tenido que lamentar una lesión de larga duración, que muchos de los jugadores ya estén algo lastrados en el primer cuarto de competición es algo a tener en cuenta. A rezar.

 

Régimen militar

Jim Boylen, nuevo entrenador de los Bulls, impone la mili tras el ridículo ante los Celtics.

Jim Boylen, nuevo entrenador de los Bulls, impone la mili tras el ridículo ante los Celtics.

Nada tienen que hacer el Sargento de Hierro de Clint Eastwood o el Sargento Hartman de ‘La Chaqueta Metálica’. Un nuevo líder férreo ha llegado a la ciudad. Jim Boylen ha cogido el mando de un grupo de inadaptados y maleantes y ha decidido hacerlos hombres de bien para el baloncesto. Sus alocadas prácticas incluyen largos entrenamientos para evitar hacer el ridículo en los pabellones norteamericanos. Qué cosas.

El nuevo entrenador de los Bulls ha vuelto a salir a la palestra después de tan solo una semana en el cargo y los jugadores ya le han dado la espalda por lo que consideran un trabajo excesivo para un grupo brillante. Parece que incluso llegaron a contactar con el sindicato para comentar la presente situación con el técnico.

La tensión creció en el vestuario de Chicago después de que Boylen fijara un entrenamiento tras dos partidos back-to-back que acabó con la derrota por 56 puntos ante los Celtics. Hay que tener poco corazón para castigar a los jugadores después del descalabro individual más grande en la historia de la franquicia. Lo que realmente merecían es correr un par de horas por la cancha después de la bocina final. Para muestra:

Veremos cuánto dura Boylen en el puesto con el poco cariño que le profesan sus jugadores y decisiones como sustituir a la vez a todo el quinteto titular por tardar más de medio cuarto en anotar un mísero punto ante Boston (parcial de 17-0 hasta dos tiros libres de Jabari Parker). Y no sacó al equipo de G-League porque le pillaba lejos.

La estrategia de la gerencia de los Bulls sigue siendo algo extraña, ya que parece que solo los jugadores saben que el tanking es el destino irrefutable mientras Gary Forman y John Paxson siguen mirando el gotelé de las paredes esperando a que alguien cree una máquina para rejuvenecer a Michael Jordan. La franquicia es desde luego bastante entretenida.