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La frustración vuelve a aparecer, los ataques sin sentido, los tiros abiertos errados, la inexistencia del rebote… si, es verdad, a los Celtics le faltaron tres jugadores fundamentales (Horford, Baynes y Morris), pero no muestran consistencia en el juego.

 

El arranque parecía prometedor, pero solo fue un espejismo, tras el minuto de los Bucks los Celtics no volvieron a ponerse nunca más por delante.

 

Middleton y los jugadores de reparto se encargaron de frustrar a una defensa que parece llegar tarde a todo. Si a eso le sumamos la inexistencia de rebote el coctel es demoledor.

Los visitantes aprovecharon que los de Massachusetts no tenía a nadie de envergadura para contener las segundas y terceras ayudas y sacaron redito una y otra vez, para colmo, los de Brad Stevens no pueden sostener una idea de juego por más de cinco minutos y eso en una liga como la NBA es sinónimo de fracaso.

 

Con una ventaja de 18 puntos al finalizar la primera mitad, la cuesta se hizo irremontable, porque cuando los Celtics se acercaban a 11 o 12 puntos volvían a equivocar los caminos. El tercer cuarto fue un festín del griego, que se abuzó de la falta de un protector de aro para atacar una y otra vez la pintura ante una defensa que a la segunda ayuda se quebraba como una galletita de agua.

 

Jaylen Brown anotó 21 pts, pero junto con Tatum tomaron decisiones en ataque forzadas que fueron cobradas del otro lado con puntos fáciles. Los Celtics parecen desesperarse y en vez de mover el balón y hacer la jugada correcta, se chocan contra su inconsistencia una y otra vez.

La línea de juego cuando la encuentran solo les dura un instante, para volver a caer en errores infantiles y decisiones apresuradas e individualistas. Sin su mejor protector del aro y su mejor jugador esta temporada observamos intentos desesperados que solo benefician el trabajo del equipo contrario y los Bucks lo entendieron a la perfección.

Brad Stevens se encuentra ante su desafío más grande, al momento de redactar esta crónica no se habían abierto todavía las puertas del vestuario, la crisis es real y hay que afrontarla, ya no hay más excusas.

 

El domingo los Celtics se enfrentan a los Hornets en la antesala de un partido fundamental ante un rival de división como los Sixers la noche de navidad. La energía de Marcus Smart no es suficiente, los de verde tienen que encontrar su juego si no quieren caer en una situación más comprometida.