Ser el único millennial del Despacho es, en resumen, leer a diario comentarios de cosas que veían mis hermanas mayores -y no entenderlas del todo- y escuchar sus comentarios en contra de una generación completamente despreciada por propios y extraños. Así pues, un día frío mientras iba en transporte público hacía mi casa en Bogotá, me perdí en pensamientos llenos de odio contra Kyrie Irving y las mil trescientas cosas que hizo mal a lo largo de toda su carrera y descubrí, que el nacido en Melbourne encarna en realidad, todas esas razones por las que los millenials son comúnmente rechazados.

Para iniciar, es necesario dejar por sentado que nunca me gustó la forma de jugar de Irving, completamente individualista e incapaz de liderar a ese joven equipo de CAVS hasta el regreso del #23 que hoy habita en tierras oscuras. Sin embargo, desde el desconocimiento de la franquicia de Ohio, pocos nos imaginábamos que en su forma de ser, Kyrie encarnara a la generación pérdida y de cristal. Acá van algunas de las razones que lo ponen, como el modelo perfecto de los millennials:

El egoísmo: Kyrie es, en esencia, el egoísta perfecto. Su prioridad es exclusivamente él, nunca un proyecto mayor ni un logro grupal. Basta mencionar la anécdota post-finales 2016, cuando luego de anotar el triple que le dio el campeonato a los Cavaliers, en vez de celebrar con sus compañeros una de las más grandes gestas en la historia de la liga, Irving prefirió llamar a Kobe Bryant -insertar cara de fastidio- para hablar sobre la tan aclamada “Mamba Mentality”.

Sin entrar en la lucha de egos sobre lo que tuvo que haber sentido el mismo LeBron James en ese momento, ¿Qué clase de persona hace una cosa por el estilo? Era SU tiro y SU momento. Los millenials están definidos por priorizar siempre su felicidad y “su proceso”, sin importar cómo afecte eso a los demás y qué consecuencias traiga para el resto. Mientras ejemplos sobran de jugadores que han primado el bien grupal, el chico estuvo concentrado de principio a fin en lo que sería su devenir personal.

La inestabilidad: una de las críticas más recurrentes a los millennials es su inestabilidad emocional, laboral, sentimental -o básicamente en cualquier aspecto de la vida-. En esto, Irving también da que hablar. En un equipo potencialmente contender por varios años más, al menos hasta que James se fuera, pidió el traspaso luego de llegar a finales de NBA.

Lo consiguió. Y una vez en Boston, un rival con bases mucho mejor formadas que los de Ohio, tuvo mil idas y venidas con la franquicia. Desde el completo enigma de saber si pensaba renovar a decir “Si ustedes me quieren de vuelta, me encantaría renovar el próximo año”, para desencadenar en payasadas tipo “No le debo una mierda a nadie” o “Pregúntame el 1 de julio”. Un camino tortuoso que nos tiene a los aficionados cansados de un tema desgastante que ha hecho que su eventual partida se vea casi como un alivio más que como algo positivo.

Porque, a ciencia cierta, ¿Quién sabe qué quiere Kyrie Irving?

Es problemático: Boston tenía uno de los proyectos jóvenes más prometedores de la liga. El traspaso de un lesionado Isaiah Thomas por una superestrella suponía la estocada final a años de trabajo de la gerencia liderada por Danny Ainge. Dos años después de su llegada, todo está al borde de la cornisa. Un mal movimiento y todo se rompe. Los jóvenes, que un año antes sorprendieron al mundo, no gustan de jugar con él y sus actitudes en la postemporada fueron tan pobres que pusieron en deuda la buena imagen que la franquicia había construido durante toda la era Stevens.

Kyrie Irving es el tipo que se queja de todo y con el que nadie está a gusto, que a sus 27 años todavía cree que la tierra es plana y todo tiene que hacerse en torno a sus deseos, porque su opinión es la que vale. 

Es incoherente: lo que más cuesta de ser Millennial es la incapacidad de coordinar tus pensamientos con tus acciones. Ya sea porque el mismo contexto te lo pone muy difícil o porque tus prioridades cambian tan rápido como se actualiza tu celular. Eso mismo es Kyrie Irving saliendo de Cleveland porque no quería jugar más con LeBron James para que, un año y medio después, lo llamará a disculparse por su actitud indiferente cuando era joven y a pedirle consejos para guiar al equipo. Incluso, llevan meses con los rumores de su posible reunión en LA.

Si bien, quisiera hablar de que los consejos de James -como era de esperarse- no sirvieron de nada. ¿Qué cambió en menos de 24 meses para que su postura girara 180 grados? ¿No podía llamar a su íntimo amigo Kobe Bryant en esta ocasión? Irving refleja lo inentendible que es, su incoherencia lo ubica varios escalones por debajo de muchas superestrellas de la liga que han dejado todo a un lado para ser la gran figura de un equipo campeón.

Su incoherencia es tanta que tanto Knicks como Lakers son dos opciones poderosas para llevarse sus talentos. Las dos franquicias que más derrotas acumulan desde el 2013. De querer ganar, o querer ser líder, o querer dinero, o querer un gran mercado a sus píes. El enigma Irving está en pleno andar.

Aunque Javier Rodríguez escribió, casi que al día siguiente de la eliminación de los Celtics, que lo mejor para los Celtics era renovar a Kyrie. El devenir de los hechos lo hace cada vez más imposible y su pobre actitud, menos deseable. El mismo Ainge, esta semana, dijo que no tiene pistas de qué podría hacer el jugador y dio a entender que hay otras prioridades para los «Orgullosos Verdes«.

Es de los mejores jugadores en el mercado, pero el que menos encaja con la vieja filosofía de los Boston Celtics.

 

 

Pd: Volvé, KG.

 

 

Foto: Erik Drost (CC).