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Seamos sinceros: durante las últimas semanas hemos estado todos fingiendo. Haciendo ver que no estábamos preocupados por la marcha de un equipo que arrancaba la temporada como el principal candidato a acabar con el Mal pero cuyo baloncesto no daba ni para ganar a la peor franquicia del Siglo XXI. Decíamos que “los equipos de Stevens siempre arrancan de manera lenta” pero en el fondo estábamos temblando porque el equipo estaba jugando mal y, lo que es peor, sin ganas. De cara a la galería manteníamos la pose, pero por dentro, estábamos a punto de sufrir un ataque de pánico.

 

Las sensaciones eran tan malas que en esta redacción bordeábamos la paranoia. Veíamos a algunos jugadores desanimados, a unos siendo egoístas y a otros que parecían hasta a llevarse mal entre ellos. Hay que reconocer que aquí se ha llegado a desarrollar una teoría de que Gordon Hayward y Daniel Theis eran los líderes de una secta de aburridos supremacistas blancos que estaban enfrentados con las facciones fiestera (Terry Rozier) e intelectual (Jaylen Brown) del equipo. Las pruebas estaban ahí: un par de vídeos en los que se veía a Jaylen y Terry impasibles ante las canastas del de Indiana y una rebuscada estadística que demostraba cómo Gordon y Jaylen no se pasan el balón.

Buscar conspiraciones fuera de la cancha para explicar lo que se veía dentro quizás parece un ejercicio fútil pero ponerse un cinturón tampoco te servirá de nada en caso de que el avión se estrelle y ahí te lo abrochas como un gilipollas cada vez que montas en uno.

La cuestión es que el equipo no estaba jugando a nada y todos los ojos estaban puestos en Gordon Hayward.

Traído como agente libre el pasado verano, el alero de Indiana es el empleado mejor pagado en la historia de los Boston Celtics y si ya no hubo consenso sobre lo adecuado de su firma tras hacer la mejor temporada de su carrera, las críticas tras un año en el que ha estado lesionado y ha sido operado dos veces eran cada vez más exageradas. Estas en su mayor parte desproporcionadas e injustas, porque si bien es cierto que Gordon Hayward está aún lejos, tanto de su mejor estado de forma, como de justificar el contrato de estrella que tiene, también lo es que estaba siendo uno de los mejores jugadores del equipo esta temporada.

Por suerte, Gordon Hayward comparte vestuario con Marcus Smart y Brad Stevens.

 

 

Desde el banquillo puede ser él mismo

Que algo no estaba funcionando en la rotación era evidente. Aquí ya hemos hablado sobre el problema de actitud de un quinteto plagado de calidad pero sin ese punto necesario de agresividad (¿Qué te pasa, Jaylen?) y todo lo contrario con los reservas. Además, una de las mejores armas de Brad Stevens para domar a sus jugadores, el banquillazo inmediato cuando este se salía del guión, llevaba meses en la funda. Con la segunda recuperó la versión de Jayson Tatum que nos enamoró a todos el curso pasado y con los distintos experimentos que ha ido realizando en el quinteto, parece haber encontrado una rotación donde calidad y garra se encuentran e permanente equilibrio. Más allá de la inclusión de Marcus Smart como escolta titular, el cambio más importante es el rol de Gordon Hayward como sexto hombre del equipo.

No quiero sobrerreaccionar a un par de buenas semanas pero estoy seguro de que Gordon Hayward es el siguiente a esa serie de sextos hombres legendarios (Frank Ramsey John Havlicek y Kevin McHale) que son una parte tan intrínseca del ADN de los Boston Celtics como el Leprechaun – y además todos “blanquitos”.

Durante los primeros compases de la temporada veíamos, pese al innegable esfuerzo de ambos para que no fuese así, cómo Kyrie Irving y Gordon Hayward había momentos en los que se molestaban en pista. Saliendo desde el banquillo puede ser el jugador, principal organizador y gran amasador de balón, que brilló en Utah. Los seis partidos que ha iniciado con la segunda unidad su uso ha subido dos puntos porcentuales, ha recuperado sus cifras habituales de lanzamientos a canasta por partido tras haber firmado las más bajas de su carrera como titular (9,2) y aumentado su true shooting del 50 al 63 %.

El equipo, como no podía ser de otra manera, se ha beneficiado de esto. Como titular, su rating ofensivo era de 100,6 y los Boston Celtics lograban una ventaja de 2,6 puntos por cada 100 posesiones, mientras que como sexto hombre estas cifras se elevan hasta un 119,2 y una diferencia de +16,6 puntos.

Esto en cuanto a números, algo más evidente y que beneficia tanto al jugador como al equipo, es que al ser el jugador que más tiempo tiene el balón está forzado a ser más agresivo con el mismo; lo que no solo se traduce en situaciones ventajosas para él (mucho más grande que sus pares) y sus compañeros (más opciones abiertas al atraer a varios jugadores) sino que también tapa uno de los grandes agujeros que históricamente han tenido los equipos de Brad Stevens: los tiros libres. Como titular, solo el 16,6 % de los puntos de Gordon Hayward se producían en la línea de tiros libres mientras que como suplente lo hace un 24 %.

“Se sintió bien. Se sintió muy bien estar ahí afuera “, declaraba Gordon Hayward. “Creo que lo más importante es que hemos ganado esta noche. Fue una gran victoria de equipo para nosotros (…) para mí, estar tan involucrado, me hizo sentí realmente bien.

“Significa mucho”, dijo Marcus Smart sobre el partido de Gordon Hawyard. “Es importante para nosotros, por el simple hecho de que hemos pasado por muchas críticas de muchas fuentes externas y cosas así, todas con razón. Tenemos mucho talento y nos hacemos responsables tanto de este como de las expectativas que trae consigo. Por lo tanto, apoyarse mutuamente, especialmente cuando todos los demás están en tu contra, es algo que necesitas “.

 

El tratamiento inteligente

Por último, pese a lo evidente de la mejoría de Gordon Hayward, aún no había firmado un gran partido que asentase todo lo construido hasta el momento. Al menos no numéricamente: el alero sí que ha tenido muy buenos encuentros esta temporada en los que ha sido uno de los mejores sino el mejor jugador de los Boston Celtics. Ese partido para amantes de la boxscore y los highlights fue la pasada victoria contra los “cancerfree” Minnesota Timberwolves.

A estas alturas ya estarás harto de leer y ver cosas sobre dicho partido, lo que no sabe tanta gente es cómo se plantó la semilla para ese encuentro. En declaraciones recogidas por MassLive, la culpa de todo la tiene Marcus Smart – ya lo siento Gusmia. Según la historia relatada por Tom Westerholm, tres días antes del encuentro contra los Wolves, Hayward acabó “rojo y furioso” un entrenamiento en el que sus compañeros usaron a Gordon como sparring, “pegándole y haciéndole faltas duras de cojones“, en palabras de Marcus Morris.

El instigador, obviamente, no fue otro que Marcus Smart. Según las declaraciones de sus compañeros “cada vez que Smart la toma con alguien, es bueno“, al parecer es una práctica habitual en el base hacer bullying a aquellos compañeros que necesitan un pequeño toque anímico. “He estado un tiempo esperando a ver ese lado de Hayward“. Nosotros también, Morris, pero parece que ya está aquí.