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Esta pregunta nos la hacemos tanto nosotros como Brad Stevens. Greg Monroe, reciente incorporación de los Boston Celtics, está siendo un dolor de cabeza en el costado defensivo y acá buscaremos las razones y trataremos de encontrar soluciones.

Cuando analizábamos la llegada del ex pívot de los Pistons, sabíamos tanto de sus virtudes como sus carencias. El rebote y el juego al poste es su marca registrada, tanto como sus problemas a la hora de proteger el aro.

Brad Stevens no lo dejó ni respirar y en el primer partido lo sacó a cancha prácticamente sin entrenamiento (vs Wizards). Recordemos que la rotación de los hombres altos en Massachusetts es muy corta, lo que llevó a un sobre esfuerzo de Daniel Theis y Aron Baynes.

Con la llegada de Greg Monroe se tenía la esperanza de agregar mayor talento y profundidad al front court, pero el verlo metido en el costado destructivo del campo a buen nivel se evaporaró rápidamente, exponiendo todos los inconvenientes que se sospechaban desde un principio.

Los Boston Celtics, cuando Greg Monroe está en cancha, están sufriendo 116 puntos cada 100 posesiones, de los peores registros de su carrera y el peor del equipo de los jugadores que están en la rotación fija del entrenador.

La velocidad de movimientos y desplazamientos laterales para contener perimetrales es el inconveniente más notable. Al quedar expuesto ante un jugador del backcourt su reacción dista de ser la adecuada.

Acá vemos como el cambio de marca lo deja mano a mano con Trey Burke, que reconoce el miss match y lo ataca sin piedad, dejándolo por el camino con un simple cambio de ritmo.

 

El recurrente problema de cambiar ante el primer bloqueo no hace más que dejarlo expuesto ante este tipo de situaciones. Los Celtics tienen que tratar de llegar a estas acciones como un último recurso, sobre todo si el pivot está en cancha.

Los rivales saben que el jugador sufre ante contextos como el nombrado anteriormente, por lo que Stevens tendrá que idear algo para poder ayudarlo. Las soluciones son las tradicionales: cambiar cuando solo sea estrictamente necesario o “ayudar al que ayuda”, teniendo que complementar la defensa de Monroe con otro jugador del lado débil.

 

Un ejemplo claro de un cambio innecesario es éste en que Terry Rozier no hace ningún esfuerzo por pasar el bloqueo por arriba, dejando a Monroe con la disyuntiva de atacar defensivamente o replegarse. Su falta de reacción es fatal y paga automáticamente.

Stevens sabe que mientras el #55 esté en cancha se va a exponer a situaciones similares. Es un caso parecido al que sufría en su momento con Jared Sullinger. La falta de movilidad en una liga que aumenta la velocidad cada día ha llevado a la extinción a varios jugadores con este tipo de perfil.

Si tomamos en cuenta que la llegada de Greg Monroe fue pensada para aportar en el costado ofensivo y en los tableros hay que diseñar estrategias de contención para que la sangría no sea tan grave como para tener que sentarlo.

Sabemos que el cuerpo técnico de los “orgullosos verdes” es de analizar mucho las alineaciones que mayor rendimiento en cancha despliegan, por lo tanto, habrá que encontrar los mejores compañeros para el de Luisiana.

No todo termina con encontrar el mejor fit para el bueno de Greg, también se necesitará de un redoble de esfuerzo por parte de los perimetrales para no dejarlo afrontar momentos en los que tenga que hacer recuperos de mucha trayectoria.

 

Los Boston Celtics van a tener que trabajar en estos partidos de cara a la postemporada para poder sacar el mayor provecho de un jugador que es muy talentoso en el poste bajo y que puede, ante emparejamientos más tradicionales, ser una carta fuerte en ofensiva.

En definitiva, tanto Greg Monroe como sus compañeros van a tener que incrementar sus aportes en ambos costados de la cancha para que su adquisición valga la pena en el balance numérico y no termine marcándose un David Lee.