Dentro de la historia de los Boston Celtics, este febrero de 2020 será recordado como el mes en el que Jayson Tatum dio el paso definitivo entre estrella y súper estrella de la NBA, asentándose además como el jugador franquicia del equipo y el depositario de todas las esperanzas de ganar un campeonato en la próxima década.

 

Se pueden contar con los dedos de las manos la cantidad de jugadores que durante las últimas posesiones de un encuentro tienen la confianza suficiente para pedir un aclarado contra Kawhi Leonard o Anthony Davis, menos aún los que salen victoriosos en ambos casos y quizás apenas un par de ellos tienen menos de 23 años.

Pese a que solo cuenta con 21 otoños, y bien se sabe por estos lares que un millón de cosas pueden torcerse, la lógica indica que el alero de Sant Louis es el primer jugador drafteado por la franquicia con potencial para ser uno de los diez mejores de la liga desde la llegada de Paul Pierce.

Su elección en la tercera posición del NBA Draft 2017 es quizás la mejor jamás realizada por Danny Ainge desde su llegada al puesto de General Manager de los Boston Celtics en 2003, pero los que ya lleven unos años siguiendo al equipo se acordarán de dos pequeños detalles:

1, Los Boston Celtics tenían la primera elección de ese Draft.

2, Markelle Fulz era el unánime #1 pick.

Entonces, ¿cómo acabó Jayson Tatum vestido de verde?

 

La clase de 2017

Tras una de las camadas más flojas de la historia llegando a la NBA en el verano de 2016, la clase de 2017 prometía ser una de las más profundas y talentosas de la década.

Harry Giles era el nombre más conocido, un center que recordaba por físico y maneras al joven Kevin Garnett, capaz de poner el balón en el suelo como un base, de defender las cinco posiciones y una explosividad bestial. Tras él, los dos mejores jugadores del país en el instituto eran dos aleros, un finísimo alero capaz de anotar cada vez que quería, Jayson Tatum, y otro capaz de saltar fuera del gimnasio y machacar el techo en la caída, Josh Jackson.

Durante la temporada universitaria, dos bases irrumpirían con fuerza y se llevarían la mayoría de los focos desde septiembre a junio. Markelle Fultz, un prospect «de segunda fila» que casi deja el baloncesto en su primer año de instituto se destapó en la pequeña Universidad de Washington como la respuesta a «¿qué habría sido de Brandon Roy si nunca se hubiese lesionado«, capaz de anotar a los tres niveles y con un potencial defensivo fuera de lo normal, apenas un mes de competición después ya era una primera elección segura para la mayoría de los expertos.

El otro era un guard capaz de organizar un equipo sin apenas tener el balón en sus manos, con una inteligencia defensiva fuera de los gráficos y el tiro de tres más efectivo pese a su fealdad desde el disparado por Lee Harvey Oswald. Su gran temporada universitaria – y un padre bastante gilipollas – le auparon desde los últimos puestos de lotería hasta el top-3 del draft durante unos meses en los que las siglas BBB parecían hermanas de NBA.

Por si todo eso no fuera suficiente talento, por detrás llegarían nombres como D´Aaron Fox, Johnatan Isaac, Lauri Markanen o el gran robo del mismo, Donovan Mitchell.

 

El pick de los Nets y la Fultzmanía

Tras defenestrar el último equipo en lograr un anillo para los Boston Celtics, Danny Ainge obtuvo un lujoso botín a costa de unos Brooklyn Nets que siempre aparecen ahí cuando las oscuras golondrinas se acercan al TD Garden (gracias de nuevo por lo de Kyrie Irving).

Junto a otro par de primeras rondas, Boston salió de esa razzia con el derecho a intercambiar los picks de ambas franquicias durante este NBA Draft 2017, y lo divertido que fueron aquellos años llenos de memes y cuentas como «Did the Nets Win» es un recuerdo que mantendrá calientes nuestros corazones en el invierno de nuestras vidas.

Salvo que seas los Sacramento Kings, tener el primer pick de un Draft es la tercera mejor sensación que puede experimentar un aficionado al baloncesto – justo por detrás de ganar el anillo y no tener a GarPax al mando de tu equipo – y aquel año los Boston Celtics no solo contaban con él sino que llegaban al verano con espacio salarial y una plantilla liderada por un Isaiah Thomas que había quedado quinto en la carrera al MVP y caído en las Finales de Conferencia.

Con unas NBA Finals sin ningún tipo de interés para el aficionado neutral y el talento que acumulaba esta generación de jugadores, el grueso de seguidores de la NBA giraron sus cabezas hacia el Draft.

En el caso que nos ocupa, pese a que Isaiah Thomas es el jugador más popular que han tenido los Celtics desde Larry Bird, aficionados y analistas se la cogían con papel de fumar para explicar por qué tenía sentido escoger otro base con el primer pick-1 en la historia de la franquicia. El chaval, además, se dejaba querer y lanzaba guiños de tanto en cuanto: un like a este aficionado que me quiere de verde, un comentario alabando al enano y por supuesto que soy compatible con él.

El clima cuando comenzaron los workouts y Markelle Fultz anunció que solo iba a trabajar con los Boston Celtics, y nada menos que durante 48 horas, era de euforia total y hubo aficionados que ya se estaban comprando camisetas.

Pero Danny Ainge

 

Danny tiene un plan

Cualquiera que haya seguido un poco la trayectoria del ex-escolta sabe un par de cosas sobre él: tiene muy claras las cosas y es un apostador. Si siempre le ha gustado destacar esa máxima que asegura que si algún día te despiden, te vas a sentir mejor si lo hacen por haber cometido tus errores y no los de un tercero, cuando traspasó a las dos últimas leyendas que han vestido de verde, lo primero que declaró tras presentar sus debidos respetos fue recordar una conversación que tuvo con Red Auerbach en la que le dijo que él habría traspasado a Larry Bird y Kevin McHale cuando aún tenían algo de valor.

Así que, cuando nos enfrentamos a las tres grandes preguntas que van a protagonizar la próxima década de la NBA

1, ¿Aguantarán las rodillas de Zion Williamson?

2, ¿Es Giannis siquiera humano?

3, ¿Qué vieron los Celtics en Markelle Fultz que a los Sixers se les pasó por alto?

Quizás esta última sea la más fácil de responder: los Boston Celtics no vieron nada raro en Markelle Fultz, a Danny Ainge simplemente le gustaba más Jayson Tatum desde el principio y no vio nada en el base que le hiciera cambiar de opinión.

Sea como fuere, desde que Fultz visitase el TD Garden, se dejase fotografiar en el mismo, tuviese un entrenamiento en el que lanzó de forma bastante lastímera y declarase «ya me siento como en casa«, hasta que se anunció que los Celtics estaban valorando la opción de traspasar su pick pasaron menos de 24 horas.

El mismo día del Draft, cuando aún todo podía pasar en con y en las carreras de ambos jugadores, Danny Ainge aseguró que su motivación para realizar dicho traspaso no fue otra que esta: su intención fue siempre seleccionar a Jayson Tatum con el pick-1, pero cuando vio que podría caer hasta el tercer puesto, se lanzó a realizar un traspaso que le permitiría tanto coger al jugador que quería para su equipo como conseguir algún que otro activo y ahorrarle unos cuantos millones de dólares a ese genio llamado Mike Zarren.

 

¿Por qué Jayson Tatum?

Si antes escribí que el mundo NBA tenía a Markelle Fultz como pick-1 unánime me va a perdonar usted, querido lector, pues le he mentido. Kevin O´Connor, periodista de The Ringer en la actualidad, pero contribuidor en CelticsBlog durante años, defendió durante gran parte de aquella temporada que el de 2017 era un Draf ideal para hacer un trade down.

En su opinión, la diferencia entre los cuatro principales prospects era tan escasa, que si podías sacar algo significativo y además un buen jugador por solo perder un par de turnos de elección, deberías hacerlo.

Precisamente el de Jayson Tatum fue el nombre que más vinculó a los Boston Celtics, por ser un perfil (alero de gran envergadura capaz de anotar a voluntad) del que la franquicia carecía de manera alarmante y con un potencial defensivo del que apenas había dejado pistas en su año en Duke.

Desde que Adam Silver anunciara el nombre de Jayson Tatum durante la ceremonia del NBA Draft 2017, y comenzase su carrera en los Boston Celtics, hemos podido ir adivinando qué fue aquello que ha enamorado a Danny Ainge y Brad Stevens:

«No le había seguido tan de cerca como Danny y su grupo pero su tamaño y envergadura fueron dos factores que más me gustaron de él. También lo refinado de su juego, lo fluído de sus movimientos, su capacidad para sacar espacio al rival, y talento ofensivo en general«.

«Pese a que realizó su workout enfermo, en antibióticos, lo más sorprendente fue la aparente falta de esfuerzo que necesitaba para anotar sus tiros. Eso suele ser una gran señal. No parecía uno de esos días en los que anotas todo lo que lances, podía fallar un par de tiros pero eso no le distraía ni molestaba, no pensaba en meter los cinco siguientes. Simplemente seguía lanzando» Danny Ainge en Weei.radio.com.

 

Un futuro pick-1

Siendo ambas madres compañeras y amigas, parecía lógico que sus hijos se acabasen conociendo y cayendo bien si además compartían su amor por el baloncesto. En torno a la pelotita naranja se fraguaría una amistad entre Bradley Beal y Jayson Tatum que llegaría hasta el punto de que el primero convencería al entrenador personal más famoso y cotizado del mundo, Drew Hanlen, de que empezase a trabajar con el segundo pese a que nunca lo hacía con jugadores tan jóvenes.

«Bradley Beal llevó a Tatum a un entrenamiento con Hanlen y el joven casi muere a los 20 minutos. Pero él volvió el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente. Hanlen desarrolló un arsenal para Tatum con algunas de las armas más características de grandes jugadores: el fadeaway y paso lateral de Kobe Bryant, el floater de Paul George, la defensa de Kawhi Leonard, etc […] Cada mes, más o menos, Hanlen enviaba un mensaje Dave Lewis, el director de scouting de los Boston Celtics, diciéndole que estaba entrenando a un futuro pick-1.» Adam Himmelsbach, en The Boston Globe.

El resto, como se suele decir, es historia.