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Todo lo bueno se acaba. Tarde o temprano, los Boston Celtics tenían que poner punto y final a una serie de victorias consecutivas que empezaba a cobrar tintes históricos. El calendario de los verdes se distinguía al de los demás por la multitud de ‘W’ que poblaba sus páginas, pero nada es para siempre. El fin se veía venir, pero no por ello todo lo acontecido hasta el segundo partido del cuadro de Brad Stevens en Miami este año es menos impresionante. Una imponente racha de 16 triunfos, en los que hubo de todo, ha aupado a los Celtics a la cima de la clasificación de la NBA. Pero, tanto fue el cántaro a la fuente…

Si algo ha caracterizado al último mes de la franquicia de Boston ha sido la épica. Cierto es que el juego no ha sido el mejor, que las lesiones no permitían una regularidad en el inicio de campaña, y que, lógicamente, los rivales siempre tienen algo que decir. Esto es innegable. No obstante, tener que remontar partido tras partido acaba suponiendo una factura que no todos los jugadores pueden pagar. Bastante duró el beneficio. Encomendarse a Kyrie Irving en los últimos minutos puede funcionar, pero la fórmula no es infalible.

A lo largo de las 16 victorias, los Celtics han tenido que superar dos tipos de adversidades; quizás las más grandes de todas. La primera se sitúa en la enfermería. No era el local de moda en Boston pese a la afluencia de jugadores en las primeras fechas de la competición. A la grave lesión de Hayward en su estreno, no tardaron en sumarse otros invitados como Marcus Smart y sus tobillos, Marcus Morris, que pasó antes por allí que por las instalaciones de la franquicia, Al Horford en su visita anual por el protocolo de conmociones, y Kyrie Irving, que se partió literalmente la cara por y por culpa del equipo. Aron Baynes le escribió el justificante. Las bajas afectaron al juego, pero no a unos resultados impolutos.

La segunda adversidad solía encontrarse en el luminoso. No todas las franquicias pueden conseguir 16 triunfos de manera consecutiva, pero no se confundan, muy pocos de ellos llegaron de manera sencilla. Remontadas o partidos en el alambre. Estos han sido los dos cimientos en la ya finalizada racha. No hay más que echar vista a los datos para darse cuenta de esta tendencia. Hasta la derrota ante los Heat, Boston sumó cuatro victorias consecutivas después de ir perdiendo por más de 16 puntos en alguna parte de estos encuentros. Y más impresionante aún. Los verdes han ganado todos los últimos cuartos de la temporada. Los de Stevens pueden dar clases sobre cómo cerrar los partidos.

Los Celtics han cumplido el papel de estudiante promedio. Véase:

“Bah, aún queda mucho para el examen”

“Que sí, que ya abriré los libros”;

“¡Mierda, que el examen es mañana!

“Voy a comprar Red Bull que la noche va a ser larga”;

“¡Vamos! Aprobado justito y a otra cosa.

“Soy un puto genio”.

Esta fórmula ha funcionado alrededor del globo —o bueno, para que no se enfade nuestra estrella, a lo largo de la Tierra— con más o menos éxito, pero la efectividad, salvo para mentes privilegiadas, nunca es del 100%. El suspenso era inminente, y fue Miami el que escribió “insuficiente” en letras rojas.

Pese a este último disgusto, las notas de la evaluación han sido impolutas. El examen de filosofía era uno de los destacados del calendario. Nunca se llegó a entender del todo la doctrina de Gregg Popovich, pero que no entrara el tema ‘Kawhi Leonard‘ ayudó bastante. Más tarde llegó el de matemáticas, y en Oklahoma City. Los Thunder presumieron de números con Westbrook, George y Anthony, pero los Celtics encontraron un balance mejor. Otro aprobado más. Después se avecinaba el clásico examen de historia. El temario de los Lakers parecía sencillo, aunque alguna unidad acabó complicándose más de la cuenta. Alguna que otra crisis no evitó que el resultado fuera el esperado; como siempre.

También tocó la prueba de geografía con la visita de los Raptors. Los bolígrafos de la suerte se destintaron, pero los nuevos de la marca Brown y Tatum salieron del estuche para poder sumar otro nuevo aprobado. De pronto, sin comerlo ni beberlo, los Celtics se encontraron en la facultad en el último curso de la carrera de física cuántica. Estuvieron cerca de abandonar alguna que otra vez ante los Warriors, no obstante, no iban a amedrentarse después de haber llegado hasta tal punto. Nadie confiaba, y eso hizo que la nota fuera la más dulce de todas.

Con la llegada de Kyrie Irving como máximo estandarte del equipo y la incursión de muchos novatos en la dinámica, la defensa no era en principio un valor seguro para estos Celtics. Nada más lejos de la realidad. Si algo ha colocado tan arriba a Boston ha sido el trabajo alrededor de su propio aro. Los verdes son el mejor conjunto defensivo de la competición, y muchos de sus jugadores ocupan puestos destacados en cuanto a la estadística avanzada. Horford, Smart, Brown o Baynes han cerrado todo tipo de vías dejando en la mayoría de los partidos a los rivales en menos de 100 puntos. Los problemas llegaban en el otro costado.

El ataque ha tenido momentos de desconexión constantes y prolongados. Solo la puntual brillantez individual sacaba a los Celtics del atolladero. Irving, Brown, Tatum, Horford o momentos de inspiración de Morris han salvado un buen puñado de victorias en favor de Boston. Más allá de estos protagonistas, la ofensiva —sobretodo en estático— hacía aguas. La segunda unidad empezó como un tiro a la altura de los mejores, pero ahora se encuentra estancada ante los constantes fallos en el tiro de jugadores como Smart o Rozier. Faltan soluciones, y se deberán encontrar cuanto antes para lograr extender los buenos resultados del equipo. No siempre se puede confiar en los terceros cuartos.

Sea como sea, los 16 triunfos consecutivos de los Celtics suponen la cuarta mejor racha en la historia de la franquicia, y eso es digno de mención. La plantilla del curso 17/18 se cuela por derecho propio entre cuadros legendarios de los verdes. La mejor marca aún la conservan los Celtics de la temporada 08/09 con sus 19 victorias. Con el anillo aún caliente en los dedos de los Pierce, Garnett, Allen, etc., los Celtics arrancaron un nuevo asalto en la liga regular con un récord de locos: 27 triunfos y 2 derrotas. Absoluta dominación. La segunda mejor racha data de 1982. Bird. McHale, Parish y compañía sumaron 18 victorias consecutivas (foto) hasta que fueron frenados por los 76ers de Julius Erving. Desgraciadamente, la historia se repitió en esas Finales de Conferencia. Cerrando el podio se encuentra la plantilla del curso 59/60 con 17 encuentros ganados. Russell, Cousy y Heinsohn levantaron su segundo campeonato esa temporada, aunque empezaran 1960 de la peor forma dando por terminada su racha el 1 de enero en Cincinnati. No fueron felices fiestas.

 

Boston Celtics 1982, "Boston Globe anual Photo"

Los Celtics del 82 sorprendieron a propios y extraños.

 

Con la derrota ante Miami Heat ya toca mirar a otra cosa, y aunque suene a cliché, puede que sea lo mejor para el equipo. Las expectativas y la exigencia por mantener un ritmo impecable pueden haber forzado en demasía a un conjunto en su mayoría joven, y que está cargando con un peso atípico por su experiencia. Tras la lesión de Hayward, las aspiraciones de los Boston Celtics se rebajaron en gran medida, y ahora, tras 16 victorias consecutivas, han vuelto a estar arriba. Queda mucha liga por delante, y el objetivo no debe alejarse de la mente del equipo. Queda mucho por mejorar sobre la cancha para un futuro que pinta brillante. Paso a paso.

Foto: 

NBA Media

Celtics 1982 (Boston Globe)

 

 

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