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La irregularidad es una circunstancia que se cura con el hábito. Ya sea éste bueno o malo, adquirir una costumbre cura este primer problema aunque se pueda entrar en el terreno de la monotonía que, una vez más, puede ser buena o mala. Los Boston Celtics llevan todo el año navegando el aguas poco tranquilas, pero han encontrado el mejor remedio posible: ganar, ganar y volver a ganar que decía aquel.

Con el último triunfo de los verdes en una fortaleza que solo pudieron expugnar los vigentes campeones para romper una racha brillante, el conjunto dirigido por Brad Stevens ha subido otro escalón en ese ascenso que la situación y la calidad de la plantilla demandaba. Los Celtics ya son terceros en la Conferencia Este tras derrotar en casa a los Oklahoma City Thunder por 134-129.

Ni el hecho de contar con dos de las mejores defensas de la competición pudo frenar un marcador que corría de una manera fulminante con la sucesión de canastas. Buena culpa de ello la tuvieron dos de los jugadores más en forma del panorama NBA. Kyrie Irving (30 puntos y 11 asistencias) y Paul George (37 tantos) respondieron a su estado baloncestístico y llevaron en volandas a sus respectivos equipos hasta un final muy apretado en el que prevalecieron los locales.

Lo cierto es que, pese a la mínima diferencia en el luminoso, los Celtics llevaron la batuta en buena parte del encuentro. Ya desde el primer momento, Boston mandaba ante unos Thunder poco precisos en el lanzamiento. Desgraciadamente para los intereses de los verdes, esta sensación no se tradujo en una ventaja poderosa por lo que los visitantes siempre estaban a un par de buenas acciones de ponerse por delante.

Allí apareció también un buen Jaylen Brown que finalizó su actuación con 12 puntos desde el banquillo y siendo una pieza fundamental en el buen hacer de la primera mitad.

Ya en el descanso, la tabla estadística de Irving y George demostraba quiénes iban a ser los protagonistas del duelo ante la desaparición de un Russell Westbrook que acabó dinamitando las esperanzas de su equipo con una pérdida en los instantes finales.

Como es habitual y para no perder la costumbre tan arraigada, los Celtics tardaron unos cuantos minutos en saltar a la cancha tras el descanso y provocaron que los Thunder se hicieran con la ventaja sin hacer demasiado ruido. Eso sí, en un giro dramático de los acontecimientos, apareció el tirador más letal de los locales para recuperar el terreno. Vale, era Marcus Smart (18 puntos), pero en esos breves instantes parece el mismísimo Klay Thompson.

Tras la entrada en combustión de ‘La Cobra’, quedaba saber si la segunda unidad iba a hacer acto de presencia aparte de Brown. De el fondo del banquillo, provocado por la ausencia de un Aron Baynes que sigue sufriendo problemas en el pie, apareció un Daniel Theis vital en el costado ofensivo que dio algo de respiro a los titulares para mantener la ventaja y aplacar las intentonas de un George desbocado.

Afortunadamente, Marcus Morris apareció con una regularidad puntual en el partido para poner un buen puñado de puntos para los suyos, e incluso un Terry Rozier algo desdichado con el tiro también sacó la cara por los Celtics. Pese a la sensación de superioridad, los Thunder siempre estaban a tiro de piedra y acabaron por colocarse a una sola anotación en los instantes finales. Llegó el momento de los héroes, y Boston cuenta con uno de los mejores.

Con esta canasta, los chicos de Brad Stevens cogían la sartén por el mango, aunque todavía quedaba algo muy dulce para los aficionados del TD Garden. Westbrook quiso responder y acumuló una pérdida y un tiro libre a fallar que no tocó el aro para sepultar las esperanzas de remontada para Oklahoma City.

Los Boston Celtics siguen dejando buenas sensaciones antes del parón del All-Star y, sobre todo, suman victorias que les hacen escalar en la clasificación de la Conferencia Este. Ganar a un rival potente como los Oklahoma City Thunder que además venía enrachado era un desafío complicado. Kyrie Irving, Marcus Smart y compañía se encargaron de superarlo.