Lo prometido es deuda. Después de muchos meses aguardando para tratar un tema que precisaba unas buenas líneas, ha llegado el día señalado en esta bendita sección. En el apartado de NBA, he intentado dejar un espacio a buena parte de los equipos del campeonato reservando el último miércoles de la temporada regular a un cuadro muy especial. El bochornoso año de los Lakers merecía una ocasión señalada. Todo era perfecto, pero el mismo día de la publicación de este artículo Magic Johnson me lo puso aún más fácil.

El fulminante anuncio del que deja de ser presidente de operaciones baloncestísticas de la franquicia angelina supone la guinda a un pastel que ya era de por sí apetitoso. Sin avisar a nadie —ni siquiera a sus superiores— y con su eterna sonrisa abriéndose paso en algunos momentos, el mítico base puso punto y final a una breve pero intensa historia. El día que estaba reservado a las despedidas de Dirk Nowitzki y Dwyane Wade quedó ensombrecido por una noticia que ni los más conspiranoicos podían imaginarse.

Sin entrar en detalles, Magic Johnson dejó caer unas pequeñas píldoras que podrían explicar muy levemente la repentina decisión. Puñaladas en la espalda, mentiras y, en definitiva, una incomodidad con una situación que se estrelló con el pavimento violentamente. Se esperaba pompa y circunstancia y quedó un trap infumable.

Aunque Magic se vaya a llevar los titulares en este final de temporada regular, hay una figura que nubla todo. Los angelinos no pasaban precisamente por su mejor momento y se arrodillaron ante el advenimiento de su nuevo señor y salvador. Sí, ese que arrasa con el terreno para luego cosechar a su gusto. Para hacer, LeBron James primero tiene que deshacer. El problema es que esta vez se ha pasado un poco en sus prácticas habituales.

Explicar el fracaso de los Lakers y la posterior renuncia de Magic Johnson es imposible sin hablar de Klutch. La empresa de representación de Rich Paul feat. LeBron James se ha hecho con el mando de la franquicia desde las sombras; algo que no pareció gustar a su dueña, Jenie Buss. La nueva reina ha visto como, por mucho que hayas contratado al mejor mercenario, es peligroso darse la vuelta cuando el trono es tan jugoso.

Todos se entregaron al ex de los Cavaliers mientras tanto él como su representante entregaban a todo el equipo para atraer a Anthony Davis.  No había jugadores imprescindibles en los intercambios propuestos y, si me apuras, tampoco las estatuas en los alrededores del Staples Center estaban a salvo. Klutch mandaba, Magic Johnson obedecía, Buss bufaba, Rob Pelinka es una bellísima persona y, en definitiva, los Lakers perdían.

Antes de que comenzara la campaña, muchos daban como fija la presencia de los Lakers en Playoffs. James no podía quedarse fuera de la lucha por el título aunque se estrenara en la Conferencia Oeste; el acompañamiento daba igual. La realidad, como tantas otras veces, golpeó con fuerza.

Lonzo Ball acumula problemas físicos, Brandon Ingram es la eterna promesa que no ha llegado a nada, y es más probable que los Knicks ganen cinco anillos seguidos a que Kyle Kuzma pase un balón. Estos problemas en la cancha estaban inteligentemente aderazados con una salsa de tensión en el vestuario después de que fuese de dominio público que su líder quería abandonar a todos sus compañeros en una gasolinera.

Cuando todo explotó y las posibilidades de los Playoffs se fueron por el sumidero, empezó el show del cuadro dirigido en los despachos por Magic Johnson. Que Lance Stephenson pisa a un jugador, lo tira al suelo y anota de dos; pues todo el banquillo de los Lakers celebra la acción cual triunfo en las Series Mundiales. Que Alex Caruso (sí, es un jugador de baloncesto) hace un buen partido; pues bailes y festejos. En fin, un circo.

Todo el hype del mundo en su hogar legítimo para que la cosa acabara en un ridículo estruendoso y con un lío que veremos cómo se desarrolla ahora que otros equipos luchan por el título y los Lakers lo miran desde el sofá. Esperamos con ansias los pormenores de la espantada de Magic Johnson y que, por supuesto, siga por los mismos derroteros de lo que, hasta ahora, es una maravillosa historia.

 

¿Y estos quiénes son?

Último partido de la liga regular. Viaje a Washington D.C.. Una lista de lesionados que parecía el cartel de un festival veraniego. Los Boston Celtics echaron por tierra el concepto de sacar el equipo B y procedieron a alinear el D.

Guerschon Yabusele, P.J. Dozier, R.J. Hunter… los menos habituales tuvieron su hueco para despedir el año y, casi sorprendentemente, acabaron con victoria con remontada de por medio. Brad Stevens nos dio el placer —aunque fuera por obligación— de ver al culón francés respirar como un jabalí de lado a lado de la cancha. Solo con eso vale pagar la entrada. Por momentos parecía que la señal de la retransmisión se había cruzado y estábamos presenciando un partido de la liga húngara.

El triunfo, aunque no valía para nada en la clasificación, dejó un buen sabor de boca por ver a estos menos habituales disfrutar sobre el parqué. Eso no quita a que recemos para no tener que ver a la mayoría de estos sujetos en Playoffs. Que la salud nos guarde.