Cuando los jugadores de los Boston Celtics enfilaron las escalerillas del avión que les llevaría a la soleada costa oeste de los Estados Unidos sabían lo que les esperaba. Aguardaban la reprimenda como un chaval que aguanta en la puerta del director del colegio porque se ha peleado en el recreo. A ver cómo explico yo esto sin que me echen. Y eso, a miles de metros de altitud, es una apuesta arriesgada.

Como explicamos la semana pasada, cuando el avión tocó tierra en Oakland emergió un grupo diferente. Solo teníamos un partido de muestra —ante el mejor rival, eso sí—, pero el ansia por encontrar brotes verdes en una dinámica completamente autodestructiva era tal que había que conformarse. Las buenas sensaciones se prorrogaron unos días más en forma de victorias a lo largo y ancho del Estado de California incluyendo una venganza necesaria.

Aunque por cuestiones meramente clasificatorias solo es un enfrentamiento más, ganar en casa de los Lakers era simplemente obligatorio. Y eso que todo pintaba mal conociendo la dinámica de estos Celtics. Racha de victorias y enfrentamiento contra el eterno rival. Sí, ese que junta a LeBron James con jugadores creados por la IA en el modo mánager del 2K. Por allí solo faltaba Castolo. La derrota parecía más segura que flotar a Ben Simmons en la línea de triple. Afortunadamente no fue así.

Como el equipo de Boston alterna cal y arena a partes iguales, decidieron que tras derrotar a los de oro y púrpura tocaba una dosis de ridículo en el Staples Center para evitar el pleno californiano. Los Celtics recibieron 140 puntos de la mano de unos Clippers que, todo sea dicho, metieron más que Julio Iglesias. Eso no quita para que la recurrente incapacidad para agarrar un rebote, aunque sea sin querer, provocara un ya habitual suspiro y la manida fase: “Ya empezamos”.

El balance general de este tour por los pabellones californianos es claramente positivo pese al mal regusto final. Esto ha provocado que el tercer puesto de la Conferencia Este que parecía casi utópico esté de nuevo a tiro de piedra. En condiciones normales, pensaríamos que la inminente cercanía de los Playoffs puede hacer que los Celtics despierten y pongan sus garras sobre esa plaza. Bah, es mucho más divertido encadenar ahora unas cuantas derrotas consecutivas y esperar a que Kyrie Irving vuelva a implosionar el vestuario.

California puede ser el punto de inflexión para el auge de Boston de cara a una postemporada en la que sus opciones bajaron, u otro mero momento de claridad en el abismo de irregularidad en el que llevan inmersos todo el año. El sol, la playa y los viajes de Terry Rozier, Robert Williams y compañía en descapotable están bien para un rato. Con la comodidad que da la vuelta al hogar, toca plantarse en el frío Massachusetts y demostrar que hay vida en el otro lado.

 

Los Celtics y las dos caras de su verdad

Por si hubiera pocos protagonistas en la magnífica y tranquila temporada de los Celtics, faltaba uno de los últimos iconos de la historia de la franquicia para sumarse a la sucesión de acusaciones cruzadas que se ha convertido en el pan de cada día.

En su nueva faceta televisiva, Paul Pierce fue lógicamente preguntado por la situación del equipo de sus amores y, haciendo gala de su apodo, soltó todas esas verdades que llevamos comentando tanto tiempo según recogió Steve Bulpett en el Boston Herald. Primero, no fiándose demasiado de la dinámica actual del equipo pese a la mejora en la costa oeste, y segundo, lamentando la eterna irregularidad.

“Estoy esperando para ver algo de consistencia. Son felices durante una o dos semanas y luego cambian de nuevo. Es difícil encontrar la consistencia con este grupo en estas dinámicas semanales”.

Palabra de Dios; te alabamos Señor. Lógicamente, ‘The Truth’ no se iba a quedar simplemente ahí y tuvo que mentar a aquel que es el foco de toda crítica y problema. Kyrie Irving se iba a llevar un particular recadito:

“Mucho de esto tiene que ver con Kyrie. Creo que empieza y acaba con él. Tiene que dar un paso adelante. Él es el que lidera todo. Controla el destino de los Celtics”.

Lo bueno y lo malo en la temporada de Boston tiene nombre y apellido, lo que es un buen resumen de una campaña algo extraña. Sobre todo, lo negativo es de lo que más se está hablando con ese papel adquirido que parece no saber interpretar.

“Es todo; dentro y fuera de la pista. Si es su líder y lo ven haciendo las cosas que hace cuando habla con la prensa, en la banda o en los entrenamientos, eso llega al equipo. Una semana es feliz y la otra no. Y así es como está el equipo. […] Si va a liderar tiene que ser en todo momento, no solo cuando las cosas van bien. Cuando va bien es feliz, cuando no, es de otra forma”.

De nuevo, nada más que la verdad. Estos Celtics son un reflejo de su estrella como bien señala Pierce, y el principal señalado de todos sus males. Así tiene que ser, al igual que si se gana, él será el máximo artífice de la hazaña. El líder tiene que saber aceptar su destino. ‘The Truth’ acabó por hacerlo, y por ello fue actor principal en colgar una bandera en el techo del TD Garden.

 

Otro paso atrás

No hace tanto, la gran mayoría de aficionados a la NBA disfrutaban del retorno a las canchas de uno de los personajes más carismáticos en los últimos años. Tras superar sus problemas físicos, Isaiah Thomas volvió a sentirse jugador de baloncesto con los Denver Nuggets y con ello, muchos de los que lo gozamos en los Celtics, recuperamos esa pequeña gran parte que se nos estirpó de la noche a la mañana.

Con todo lo que dio en Boston pese a dificultades personales que no muchos habrían afrontado de esa manera, ‘The Little Guy’ se merecía volver a lo grande y volver a tener oportunidades acordes a su talento. Desgraciadamente, parece que las buenas noticias han durado poco.

Mike Malone, técnico de los Nuggets, anunció que Thomas ya no sería parte de su rotación habitual. Dicho de otra manera, otra etapa que parece explotar en la carrera de un jugador que no ha levantado cabeza. De ser un All-Star candidato a un contrato máximo, el ex base de los Celtics ahora es un balón pinchado que se pasan de una franquicia a otra (Cavaliers, Lakers y Nuggets) desde que tuvo que dejar la elástica verde.

Y es precisamente con esa vestimenta y apelando a ese orgullo que tan bien lució con ella con la única que esta historia puede dar un giro a mejor. El cuento entre Thomas y Boston no acabó de la mejor manera; solo una nueva unión entre ambas partes puede arreglar el destino del que tanto sacrificó por esa relación.