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En una presentación completamente deprimente por parte de los Boston Celtics, los Philadelphia 76ers dominaron el encuentro de principio a fin con muy poco y lograron llevarse la victoria del TD Garden por 89-80. La ausencia de Kyrie Irving por molestias en el hombro terminaron siendo definitivas para un horrible rendimiento a nivel ofensivo que acabó facilitando las cosas para los Sixers a lo largo de todo el encuentro.

Desde el inicio, el ataque de Boston fue nefasto, no solamente por la falta de movimiento y creación de buenos tiros, sino por el absoluto descuido con la pelota, sumando 15 pérdidas en la primera mitad y sacando lo peor de la ofensiva de Brad Stevens, completamente resentida por la ausencia de su estandarte. Sin embargo, Philadelphia no explotó el mal andar de Boston como deberían haberlo hecho y al entretiempo el marcador era apenas de 39-32 en una de las peores primeras mitades de lo que va de campaña en la NBA.

Aunque nos han acostumbrado a ganar continuamente tras remontar largas ventajas, esta noche iba a ser la excepción y la segunda mitad fue otro dolor de ojos. A pesar de reducir considerablemente la cantidad de pérdidas en la segunda parte, la calidad de los tiros y el movimiento en ataque era nulo de forma que la eventual remontada nunca fue una posibilidad realizable a pesar del intento que hubo en los últimos minutos impulsados por el apoyo del público. Luego de un partido desastroso, los Sixers ganaron por 89-80. El máximo anotador de los Celtics fue Marcus Morris desde la banca con 14 puntos y 6 rebotes. 

 

Foto: Twitter @Celtics