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Hace ocho años, los Boston Celtics mandaron a LeBron James y sus talentos a South Beach, Florida. Tras también ocho años en Cleveland, la incapacidad de su directiva de rodear como es debido a un jugador de su nivel, así como la suya propia de atraer talento al equipo (en su defensa hay que decir que Ohio no es el paraíso precisamente), forzaron la salida del que entonces era el niño mimado de Akron y prensa. Tras esas primeras finales del año 2007 (0-4 contra San Antonio Spurs) que parecían el comienzo de un reinado sin final a la vista, los siempre maquivélicos movimientos de Danny Ainge cerraron su ventana durante tres post-temporadas. Incapaz de derrotar al Big Three en Ohio, tuvo que irse a Miami para jugar con sus amigos en la que sería la decisión más controvertida tomada por un jugador en la NBA hasta que Kevin Durant se fue a los Warriors. Todos odiamos a LeBron entonces, pero al menos no se unió a su enemigo.

 

En Miami empezaría su reinado del terror y desde 2010 no ha perdido una sola serie de Playoffs. Para que lo pongan en contexto, la última vez que LeBron James no estuvo en las NBA Finals:

  • Jayson Tatum tenía 12 años.
  • Amy Winehouse y Steve Jobs podrían quedar para cenar.
  • En los cines se estrenaban la penúltima película de Harry Potter y la segunda de Iron Man.
  • Los Golden State Warriors tenían seis aficionados en España.

Desde entonces, el alero lleva acumulados casi 1.000 puntos contra ellos y ha eliminado a los Boston Celtics las cuatro veces que se han enfrentado en post-temporada. El Este es su casa y solo el mejor equipo que ha pisado una cancha de baloncesto en los últimos 32 años impide que toda la NBA lo sea.

 

En 2018 todo podría cambiar

Los Orgullosos Verdes se las prometían muy felices el pasado otoño. No solo habían sido capaces de conseguir como agente libre a Gordon Hayward, uno de los jugadores más efectivos frenando a James además de una pieza perfecta para el entrenador que le llevó a la NBA, Brad Stevens, sino que le habían conseguido “robar” a su segundo espada a cambio de un jugador lesionado, un rookie, una primera ronda y el siempre taciturno Jae Crowder. Por desgracia, como ya hemos narrado mil veces, a los cinco minutos de empezar la temporada – contra precisamente los Cleveland Cavaliers, todas las aspiraciones de los Boston Celtics se derrumbaban a la vez que lo hacía el tobillo de Gordon Hayward.

Solo que no fue así. Brad Stevens y su talento para que todos jugadores exploten su máximo potencial, así como el paso adelante que dieron varios jugadores en posiciones fundamentales de la plantilla (estoy hablando de los Jayson Tatum, Jaylen Brown y Terry Rozier), llevaron al equipo no solo a superar el número de victorias de la temporada pasada sino a volver a las Finales de Conferencia por segundo año consecutivo. Con solo cuatro jugadores de los que lo lograron el año pasado y con sus dos máximas estrellas lesionadas, un entrenador con menos votos como mejor entrenador que Doc Rivers y un equipo con las mismas selecciones para el All-star que los Washington Wizards, Brad Stevens afronta la tercera serie de Playoffs de este año que no debería ganar, que no pasaría nada si la perdiese… y que puede acabar ganando para sorpresa de todos.

 

Trayectorias diametralmente opuestas a las del año pasado

Los Boston Celtics de Isaiah Thomas que se enfrentaron a LeBron James en las Finales de Conferencia de 2017 eran un equipo completamente opuesto al de 2018. Construido en torno a uno de los jugadores más desiquilibrantes en el costado ofensivo de toda la NBA, los verdes eran un auténtico coladero en defensa y demasiado bajos como para disputar el rebote hasta frente un equipo junior. Todo lo compensaba uno de los ataques más difíciles de defender de la liga… pero con los cimientos destrozados. Lesionado desde el mes de marzo al sufrir una caída con Karl Anthony-Towns, Isaiah Thomas no debió jugar la primera ronda de Playoffs, estaba colgando del alambre en la segunda y no pudo disputar más que unos minutos contra los Cavaliers.

Por su parte, los entonces aún vigentes campeones de la NBA eran el típico equipo de LeBron James: dominadores del rebote, con buen acierto exterior, extremadamente veteranos y buenos defensores cuando la ocasión lo requería. La serie habría sido un 4-0 de no ser porque hubo un día en el que Marcus Smart se levantó pensando que se llamaba Stephen y se apellidaba Curry.

Ahora, la situación es bien distinta. Con todos los jugadores sanos pocas voces darían a los Cavaliers como favoritos. Ensamblados durante el mes de Febrero como un monstruo de Frankestein para satisfacer los divinos deseos de su creador, los de Cleveland son un equipo más joven de lo habitual, muy atlético, con bastante tiro exterior… pero que no tiene ni idea de lo que está haciendo en la pista salvo cuatro jugadas diseñadas desde el banquillo y las órdenes de un general que aúna la visión de Jason Kidd en el cuerpo de David Robinson.

Ambos equipos llegan en una dinámica positiva tras sufrir en primera ronda y pasar desahogados en una segunda que se suponía que iba a ser su tumba.

 

Ventaja Boston

Sin embargo, y empezando a gafar estas Finales de Conferencia lo antes posible, puede que los Boston Celtics se encuentren ante la mejor ocasión de bajar del trono a LeBron James desde que Dwyane Wade dejase el codo de Rajon Rondo como el de Michael Cera el día que sus padres instalaron internet en casa.

A día de hoy, Jaylen Brown ya aporta en ambos lados de la cancha más de lo que daba Jae Crowder la temporada pasada, Aron Baynes es simplemente mejor jugador que Amir Johnson, Terry Rozier está en una misión (que le hace ser mejor anotador y reboteador que Avery Bradley, aunque no llegue a su nivel defensivo) y Jayson Tatum simplemente no parece pertenecer a la misma especie que Kelly Olynyk. A diferencia del año pasado donde todo lo que tenía Brad Stevens para contener a LeBron James era a un rookie, Jae Crowder y Marcus Smart, esta post-temporada ya se las ha apañado para contener al jugador más físico del planeta (Giannis Antetokounmpo) y a ese miss-match con patas que tanto se parece al robot de Akron (Ben Simmons). Si los Boston Celtics de 2017 llegaban con su mejor jugador lesionado, Al Horford aterriza en estas Finales de Conferencia en el mejor momento de su carrera.

Todos estamos de acuerdo en que es ridículo, absurdo e incluso insensato apostar contra el mejor jugador que ha pisado una cancha de baloncesto desde 1998, y nadie en la NBA tiene una fórmula efectiva para defenderle desde que Kawhi Leonard se convirtió en Madame Bovary, pero pese a barrer a los Toronto Raptors, la defensa de los Celeveland Cavaliers sigue siendo un desastre (110 puntos por cada 100 posesiones) mientras que el sistema de los Boston Celtics tiene más opciones y variantes para salir de las trampas que pueda preparar el siempre infravalorado Tyron Lue – como el doble trap a Víctor Oladipo o la continuación a DeMar DeRozan tras pick and roll.

Los Boston Celtics son el pueblo, van a jugar sin ningún tipo de presión, con el hambre de siempre y el TD Garden a sus espaldas. Enfrente tendrán al Rey, el mejor jugador del siglo con el peor ejército en una década. ¿Serán capaces de derrocarle o caerán a sus pies? ¿Jacobinos o comuneros? La historia dirá.

 

Boston se lució ante los Cavaliers y derrotó a LeBron James