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Por primera vez en los 69 años que la NBA lleva celebrando su jornada de Navidad, los Boston Celtics tenían la oportunidad de jugar dicho partido en el Garden. El encuentro, además, contaba con un rival a la altura de la fecha: los Washington Wizards con los que se enfrentaron, pelearon y sangraron durante toda la temporada pasada. A pesar de que solo cuatro jugadores de los Boston Celtics estuvieron presentes en dichas batallas, el añadido de tener una batalla entre los hermanos Morris, Marcus y Markieff, compensaba el resto de bajas.

 

Ya desde el primer cuarto se vio cuál iba a ser la dinámica del partido: unos visitantes mucho más frescos marcaban el ritmo mientras los locales se limitaban a perseguir sombras en defensa – salvo que estas se dirigiesen a las esquinas, donde los Celtics parcen tener prohibido acercarse, y a jugar aclarados en ataque. Si durante la racha de 16 victorias consecutivas el equipo de Brad Stevens era una roca en defensa, que dominaba el rebote y su ataque crecía a partir de estos, durante los últimos 9 (5 derrotas), la franquicia vive de hacer parciales muy bienos contra equipos que no lo son tanto.

John Wall hacía lo que quería – al menos durante los tres primeros cuartos, como viene siendo costumbre, ante un Kyrie Irving se limitaba a ordenar muy bien a sus compañeros en defensa mientras él ni siquiera intentaba molestar al base de Carolina del Norte. Muy decepcionante el base local en este primer enfrentamiento contra los nuevos enemigos verdes en el Este. En estos momentos, el encuentro se parecía mucho a los vividos el año pasado, cuando Isaiah Thomas no podía siquiera acercarse a Wall y los Boston Celtics se pasaban los encuentros a remolque hasta que en los últimos momentos del partido el juego del enano se multiplicaba mientras el de Washington se diluía como un azucarillo – los Boston Celtics solo estuvieron por delante 11 minutos durante las Semifinales de Conferencia a 7 partidos.

Y así parecía que se iba a resolver el encuentro cuando, tras una serie de buenas defensas y un excelso Jayson Tatum en la ofensiva, los Boston Celtics se pusieron por delante en el marcador por primera vez en todo el partido mediado el último cuarto. La calidad del 0 de los Boston Celtics sorprendería si este llevase los mismos años en la NBA que su par rival, Kelly Oubre, pero que lo esté haciendo cuando aún está a 17 meses de poder comprar una cerveza sin ser detenido es simplemente surrealista.

Tras su desencadenamiento, el desastre para los Boston Celtics. Nadie parecía querer defender, nadie sabía cómo pasar un balón y, literalmente, nadie vestido de verde cogió un rebote defensivo en los últimos 6 minutos y 41 segundos de partido. Léanlo de nuevo, no hay error en lo escrito: ni-un-rebote-defenivo-en-los-últimos-seis-minutos-de-partido. Los Boston Celtics perdieron el partido, el liderato del Este y el de su División. Con seis partidos más que los ahora líderes, Toronto Raptors, el equipo de Brad Stevens necesita tanto un descanso como su entrenador tiempo para ajustar y añadir cosas.