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Semana clarificadora para unos Boston Celtics que se han dado de bruces con la más cruda realidad. Tras victorias relativamente sencillas ante Heat y Cavaliers, llegó el postre en un sábado que estaba marcado en el calendario desde el inicio de la temporada. Contra los Warriros los Celtics pelearon, pero se quedaron cortos, dejando claro que el nivel del equipo no llega a las cotas necesarias para pelear por el más preciado premio.


 

Cristalino como el agua de la Bahía

 

115 a 111. Cuatro puntos. Dos bandejas, un triple y un tiro libre, un triple de Harden… Tan cerca y tan lejos. Los Boston Celtics jugaron con todo lo que tenían, lo intentaron, lucharon y compitieron como si la vida les fuese en ello, pero se quedaron cortos. Alguien podría decir que ciertos jugadores no rindieron al nivel que acostumbran esta temporada (Marcus Morris, por ejemplo), pero el hecho es que los Warriors tampoco apretaron el pedal a fondo.

Kyrie Irving, Al Horford y Jayson Tatum, las tres primera espadas del equipo, jugaron bien, muy bien, pero los Celtics necesitan de mucho más para competir por el anillo este año.

Tácticamente el partido fue muy rico. Con la vuelta de Cousins los Warriors jugaron más grande de lo que acostumbran, permitiendo a Horford explotar la lentitud de un Boogie que no está ni al 50%. Los de Stevens se encontraron mucho más cómodos contra los titulares que contra los suplentes, ya que la salida de Looney desde el banquillo confería una versatilidad y agresividad defensivas a los de Kerr que complicaban mucho la vida a Irving y compañía.

Los Celtics supieron atacar la defensa de los Warriors, aprovechándose del 2vs2 de Irving y Horford, pero a la hora de delegar responsabilidades a los suplentes llegó el desastre. El banquillo, una vez más, no pudo mantener el nivel y se estrelló contra una muy buena segunda unidad de los de la Bahía, que juntaba a Livingston, Iguodala, Looney, McKinnie y a un titular (a veces hasta a dos, con Green y Durant), que fue una trituradora en defensa, no dejando respirar a los Celtics ni un solo momento.

Podríamos seguir un rato con más detalles interesantes, como el hecho de que me parece que Marcus Smart no es el mejor defensor posible para Curry, ya que es bastante más lento y le cuesta seguirle en los bloqueos (prefiero a Irving en ese papel, pero esto cansaría mucho al base), sobre como los Celtics no hicieron un buen trabajo con las transiciones defensivas (no fueron malas, pero contra Golden State tienen que ser excelentes), o sobre el hecho de que, por fin, somos el equipo que puede hacer daño al contrario cargando el rebote ofensivo. Cuestiones “pequeñas” pero que marcan la diferencia. El hecho es que prefiero terminar este apartado con lo que más molesta, porque me genera impotencia.

Por mucho que los Celtics hagan, y aunque todo les salga bien, hay algo contra lo que no pueden luchar: Kevin Durant.

Kawhi Leonard es más limitado en ataque, y Atentokounmpo es un monstruo pero le puedes molestar. Con Durant solo puedes sentarte y rezar para que la falle. Stevens intentó de todo. Lo emparejó con Tatum, Brown, Morris y Smart, por momentos, y tras bloqueos, lo defendió bastante bien hasta Horford, pero el jugador hizo lo que quiso.

Si lo emparejas con alguien grande, para evitar posteos, lo saca fuera y lo deja atrás muy fácilmente. Si lo emparejas con alguien más pequeño, hace un reverso en en el poste y no llegas ni a rozarle la barbilla. Es más, si lo emparejas con alguien más rápido también puede sacarlo afuera y romperle gracias a su manejo y explosividad. Es una maldita pesadilla. Y lo peor es que me da la sensación de que no quiso forzar demasiado, conformándose con tiros en suspensión y no yendo hacia al aro con agresividad.

El que más lo defendió fue Marcus Morris, 37 veces, anotando 4 de los 7 lanzamientos contra el gemelo para 16 puntos (contando tiros libres). Su mejor par fue Al Horford, ya que por altura y envergadura le podía hacer frente en el poste bajo (1-5 para KD). Pero Boston no tiene un defensor ideal. El sueño de Ainge sería poder mezclar al dominicano con Tatum o Brown, una suerte de Gotenks, pero salvo que Time Lord viaje al futuro y consiga algún cachivache mágico, está complicado.

El otro punto que me genera impotencia es uno sobre el que tenemos menos control si cabe. El plan de Danny Ainge, a parte de fallar en la adquisición del bicho que ha protagonizado el anterior punto, se basaba en juntar a tres piezas que pudiesen llevar a los Celtics a lo más alto, pero se truncó a los 5 minutos de estrenarse.

Los de Boston necesitan que Gordon Hayward vuelva a la forma que tenía en Utah, aunque sea para llevar a los Warriors a esforzarse al máximo. Es cierto que debemos de tener paciencia, que debemos de saber que el jugador tuvo una recaída en verano, y de que no está siendo la mejor temporada en cuanto a contexto para volver. Pero si los Celtics quieren aspirar a algo, precisan de la ayuda del alero, sin él no somos el equipo llamado a luchar por el trono de la NBA.

Tan lejos y tan cerca. Queda mucho por recorrer, pero, ¿tenemos lo necesario para llegar?

 

 

Kyrie Irving, éxtasis pasador

 

El base ha venido evolucionando su juego desde que llegó a Boston. Si en otros episodios del Semanal hablamos sobre su “Smartización“, hoy toca hablar de su progresión en la faceta organizativa.

Irving está teniendo su mejor temporada a nivel asistencial, con 6.9 asistencias por partido, haciendo participar a sus compañeros y repartiendo el balón como nunca. Pero si bien sus promedios estaban siendo notables, su mes de enero está siendo sensacional. En los últimos partidos está dando 10.8 asistencias, llegando a los dobles dígitos en 4 ocasiones, y alcanzando las 18 contra los Raptors. Su perspectiva parece que se ha ampliado, o por lo menos su visión de túnel anotadora ha dejado paso al altruismo.

Yendo un paso más allá, y gracias a la gente de NBA Math, podemos ver una gráfica estadística muy interesante, que mide qué jugadores elevan los porcentajes de sus compañeros con sus pases.

 

Valorando los datos del último mes, a los jugadores con 100 o más asistencias potenciales, y lo bien que tira el equipo cuando ese jugador da el pase en comparación con el resto del equipo, se puede argumentar que Kyrie Irving, y Nikola Jokic, son los jugadores más eficientes de lo que va de 2019.

Los Boston Celtics lanzan, este mes, al 49% de media tras los pases del resto de jugadores, y al 67.7% cuando ese pase lo da Kyrie Irving. La diferencia es brutal, y obviamente hay factores que desencadenan estas consecuencias. No es que Irving sea un pasador prodigioso, aunque sea bueno, sino que gracias a toda la atención que atrae, sus compañeros se encuentran muy liberados, pudiendo aprovecharse del extraordinario manejo del base para tomarse su tiempo a la hora de tirar. Seguro que todos tenéis en mente la recurrente jugada con un Al Horford que se queda bien solito para lanzar un triple.

 

 

Menudo mes de enero nos está dando Irving, sus propósitos de año nuevo estaban repletos de solidaridad.

 

Anthony Davis y los Boston Celtics, todo llega a su fin

 

Era un lunes tranquilo, en el que este redactor se disponía a escribir su sección semanal pensando en hablar un poco de Jayson Tatum. Todo iba según lo planeado, había buscado gráficos de tiro, estadísticas y ciertos vídeos para poner algo de imagen a las sosas palabras. Pero tenía que venir a Woj a joderme el trabajo.

A media mañana, el periodista de ESPN sorprendía al mundo NBA anunciando que Anthony Davis, la estrella de los Pelicans, no extendería su contrato con la franquicia de New Orleans, y que además había pedido el traspaso.

Rayos, truenos, maremotos, erupciones volcánicas, Harden penetrando (lo siento barbas, te ha tocado hoy)… todos los males se desataron y de las teclas de los smartphones salía humo.

No puedo recordar las veces que hemos explicado los problemas contractuales entorno a la figura de Davis y su posible traspaso a Boston, pero hoy he tenido que hacerlo otras tantas vía Twitter, y por lo tanto he decidido dejarlo plasmado por escrito aquí.

A escasos días para el final del periodo de traspasos, el agente de Davis, Rich Paul (amigo y agente de LeBron James), filtra para ESPN que su representado busca un equipo contender que le dé la posibilidad de pelear por el anillo todos los años. Los Ángeles Lakers y los Boston Celtics siempre han tenido al jugador en su punto de mira, y el movimiento del grupo de Davis ha dejado sus intenciones bastante claras.

Toda la liga conoce de una limitación que impide a los Celtics traspasar por Anthony Davis, y que justo el jugador pida un traspaso en estas fechas, supone una desventaja enorme para Ainge y los suyos, ya que no pueden ni intentarlo.

Debido a la denominada “Rose Rule“, una norma que permite a los jugadores que van a renovar su contrato rookie llegar a un acuerdo por el 30% del tope salarial de su equipo, en vez del 25%, siempre que hayan ganado un MVP, hayan sido seleccionados dos veces para un All-NBA Team, o hayan sido titulares en All-Star, los Celtics no pueden traspasar por Anthony Davis, ya que en el verano de 2017 lo hicieron por Kyrie Irving.

La NBA prohíbe traspasar por dos jugadores que haya firmado su contrato en base a esta norma, y el base lo hizo en el 2014, mientras que el interior lo hizo en 2015.

En el mejor de los casos, Ainge y los Celtics podrían entrar en la puja por Davis en verano, una vez hayan renovado a Irving (o una vez que Irving haya decidido irse a otro equipo). Otra opción sería la de incluir al base en el traspaso, pero me parece harto improbable.

En definitiva, Davis y su entorno han hecho su jugada con Los Ángeles en mente, sabiendo que los Pelicans no van a recibir ofertas de su posiblemente mayor rival. En Boston solo queda esperar, y si “La Ceja” es un objetivo, dejar caer una posible oferta a sus actuales jefes que les haga querer esperar a verano.

Para los Pelicans, lo más lógico es esperar y empezar una guerra de pujas con los máximos jugadores posibles, pero todo puede pasar en esta escasa semana que nos separa de la fecha límite de traspasos. ¡Hagan sus apuestas!