Decir que la inmensa mayoría de los aficionados de los Boston Celtics están decepcionados con Kyrie Irving es quedarse bastante corto. Una rápida visita por cualquier red social o página web dedicada al universo NBA te dejará una clara impresión de que los Orgullosos Verdes, como masa, quieren al base colgado de un pino a la entrada del pueblo. Como suele ser costumbre entre las masas, están equivocados.

No me malinterpreten, yo soy el primero que no está decepcionado sino directamente cabreado con el jugador de origen australiano. Es más, ahora mismo debería estar en twitter colgándome medallas por haberme opuesto de manera frontal a su traspaso en agosto de 2017. Pero pese a tener razón estaba equivocado.

Kyrie Irving es mucho mejor jugador que Isaiah Thomas y cualquier equipo que cuente con él en sus filas tendrá un número de opciones infinitamente superior de hacerse con el anillo que uno liderado por el de Tacoma. Eso es algo que ha sido evidente para cualquier aficionado al baloncesto salvo quizás a lo largo de la temporada 2016/17 cuando el enano superó tanto en pista como fuera de ella cualquier logro realizado por Little Mountain ese mismo curso.

En cualquier caso, las dudas no venían por ahí, sino que siempre estuvieron provocadas por el controvertido carácter y extraña personalidad de Irving. Sus equipos hasta llegar a Boston siempre estuvieron rodeados de un drama que siempre fue atribuido a LeBron James como si antes de la llegada de este Kyrie Irving no hubiese tenido altercados tanto públicos como privados con su entrenador o casi llegado a las manos con Dion Waiters, el jugador con el que estaba llamado a formar uno de los backcourts más peligrosos de la NBA.

Esta temporada ha sido la confirmación de que sí, LeBron James es un asesino de entrenadores y vestuarios pero Kyrie Irving tampoco es el ideal para liderar tu proyecto. No vamos a enumerar por enésima vez todo lo que ha hecho mal el jugador franquicia de los Boston Celtics durante los últimos ocho meses, desde dejar a sus compañeros como unos niñatos en una llamada telefónica a LeBron que ¡él mismo hizo pública! A cargarse la estabilidad que pese a todo rodeaba al equipo con aquellas declaraciones en el Madison Square Garden. Y no vamos a hacerlo porque todo eso no importa.

O mejor dicho, todo eso no habría importado si durante estos Playoffs Kyrie Irving hubiese jugador no ya al nivel que prometió y que todos le hemos visto sino a uno medianamente aceptable. Sus números esta post-temporada son los peores firmados por un jugador franquicia de los Boston Celtics en toda la historia de un equipo que lleva en la NBA desde el día que se firmó su acta fundacional. Solo Sam Jones en 1966 tiró peor en una serie de Playoffs que Kyrie Irving contra los Milwaukee Bucks.

Los aficionados soportarían la parte horrible de Kyrie Irving de haber disfrutado también de su parte buena.

Kyrie Irving, la secretaria de Charlie Wilson

 

Charlie Wilson fue un congresista norteamericano con un papel clave en la Operación Ciclón, un programa llevado a cabo por la CIA en los años 70 cuyas consecuencias está pagando gran parte de occidente a día de hoy. La cuestión es que el amigo Wilson aparte de congresista, conspirador y veterano de guerra, también era un machista redomado que acostumbraba a elegir sus secretarias por el tamaño de sus pechos. Inquirido en una ocasión por esto, respondió: «puedo enseñarles a escribir a máquina pero no a que les crezcan los pechos«.

Dejando a un lado lo vejatorio de la frase, que no es poco, los Boston Celtics y sus aficionados deben aproximarse a Kyrie Irving con una mentalidad parecida a esta durante el próximo verano, cuando será agente libre. Los Boston Celtics podrían optar por rendirse con Kyrie y salir al mercado en busca de un base con un mundo interior más ordenado y un ego menos inflado, pero no existe ningún jugador que cumpla esas características que tenga un 25 % del talento de Irving.

Lo que sí pueden hacer es mirar los números y comprobar que esta serie contra Milwaukee no es solo la primera vez que el base tiene una actuación mala en primavera sino que es la única vez en toda su carrera que queda eliminado de Playoffs. De paso, observar que en las dos temporadas que lleva en Boston solo se ha comportado como un cretino durante cinco ominosos meses.

Se mire por donde se mire, hay más datos que inviten al optimismo en la aventura de educar a Kyrie Irving que en la de conseguir a un jugador que te aporte lo que él dentro de una pista de baloncesto.

Cuando realizas una operación como la realizada por Danny Ainge en agosto de 2017 no es para rendirse a las primeras de cambio, de la misma manera que no firmas una hipoteca y te mudas porque no te gusta el color del salón; lo que haces es pintar encima.

No solo pintas encima sino que además aprovechas para dejar toda la casa a tu gusto, y justo eso es lo que deben hacer los Boston Celtics. Encontrar la manera de que el jugador se encuentre cómodo y en un entorno en el que pueda explotar al máximo su talento, lo primero es labor de Danny Ainge y su equipo, lo segundo de Brad Stevens. Y ambos han fallado en estas dos tareas tanto como Kyrie Irving en la suya.

En la NBA actual si quieres ganar debes contar con al menos un jugador como Kyrie Irving. El problema es que todos y cada uno de los jugadores que llegan a este nivel tienen sus taras con quizás la única salvedad de Stephen Curry – recordemos que hasta Tim Duncan estuvo a punto de irse a Orlando a jugar con Tracy McGrady.

Al final, es una cuestión de elegir tu veneno y en la NBA hay que acabar eligiendo entre un equipo con el que sentirse identificado o uno al que admirar. El ser humano teme a lo desconocido, es por esto que los aficionados conectamos con los mediocres y rechazamos a los genios.