Llegaban los Boston Celtics a Detroit en la mejor racha de resultados del equipo durante esta temporada 2018/19 pese a un más que notable bajón en el juego, especialmente en defensa, durante los últimos encuentros. Por su parte, los dirigidos por Dwane Casey venían de seis derrotas consecutivas pero salieron desde el primer minuto dispuestos a comerse a los Orgullosos Verdes. Quizás fue esta diferencia entre quien salió con la panza llena y quien lo hizo famélico lo que definió el partido.

 

El buen hacer del conjunto del equipo de Brad Stevens en ataque y la poca entidad de los rivales venían tapando una falta de intensidad defensiva que ayer se hizo patente durante la primera parte del partido. Reggie Bullock, Blake Griffin y Luke Kennard conseguían continuamente lanzar desde posiciones ventajosas para ellos, mientras que por parte de los Boston Celtics se vivía de la inspiración de Kyrie y los inesperados triples de Marcus Smart.

Al igual que la noche anterior contra los Atlanta Hawks, el segundo cuarto fue una pesadilla para los verdes, con el trío formado por Terry Rozier, Jayson Tatum y Jaylen Brown demostrando por qué han sido la formación menos rentable para Brad Stevens durante la racha de victorias del equipo. En especial, Jaylen y Rozier volvieron a ser los jugadores erráticos que tanto nos asustaron a comienzos del curso; y todo, desde su actitud a las decisiones tomadas en pista, parecen querer indicarnos que no bajemos la guardia con ellos.

Algo cambió la cara del conjunto la entrada de Robert Williams, quien sigue aprovechando bien los minutos que le da Brad Stevens y, como sería tónica durante todo el partido, un muy buen cierre de cuarto por parte de los Celtics les permitió acercarse en el marcador. Solo esto y la inspiración de Kyrie Irving, el único junto a Marcus Smart y Aron Baynes que pelearon desde el minuto uno al cuarenta y ocho, permitió a los visitantes llegar al descanso con el partido completamente por decidir.

El segundo periodo sería un calco del primero, con dos nuevos buenos cierres de periodo que hicieron soñar a los aficionados de los Orgullosos Verdes con conseguir una nada merecida victoria, pero que se vería ciertamente frustrada tanto por una alarmante fala de comunicación defensiva como por un ataque atascado hasta el punto de tardar 8 minutos en anotar un tiro de campo durante el último cuarto.

Finalmente, los Detroit Pistons se llevarían una merecida victoria a la vez que devuelven a los Boston Celtics casi todas las dudas que tenían antes de esta racha de ocho victorias consecutivas. El lunes, contra los Phoenix Suns de Devin Booker, el TD Garden podrá comprobar qué es un problema estructural y qué se debe solo al cansancio propio del segundo partido en back-to-back.