Los Boston Celtics han contratado a Kemba Walker por cuatro años y 141 millones de dólares, la oferta más alta que podrían poner sobre la mesa. Danny Ainge se ha hecho con los servicios del base que ha jugado durante sus ocho temporadas en la NBA en los Charlotte Hornets de Michael Jordan.

 

Hace una semana, cuando salió a la luz que Al Horford se echaba para atrás en su intención de firmar un contrato más largo pero menos lesivo económicamente para los Boston Celtics, el pesimismo se extendió entre los Orgullosos Verdes. Una reconstrucción perfecta de cinco años, solo sirvió para aspirar al anillo durante los cinco minutos que transcurrieron desde el inicio de la campaña 2017/18 hasta la rotura de tobillo de Gordon Hayward.

Afrontar una nueva reconstrucción, o rearme – como lo denominó Danny Ainge durante la noche del NBA Draft 2019, no era lo que tenían los aficionados de los Boston Celtics en mente hace diez meses cuando afrontaban la temporada con el grupo de jugadores más talentosos que ha tenido la franquicia desde quizás 1986.

 

Kemba Walker, el último As en la manga de Danny Ainge

Al contrario de lo que pasaba en los 80´s y 90´s, cuando Michael Jordan solía ser bien la espada o bien la pared, desde que es General Manager, siempre que Danny Ainge está entre una y otra, puede acudir al que fuera el mejor jugador de baloncesto de la historia en busca de ayuda.

Durante la noche del NBA Draft 2015, el director de operaciones baloncestísticas de los Boston Celtics estuvo a punto de cometer el error más grave de su carrera cuando ofreció hasta cuatro picks de primera ronda – se desconoce exactamente cuales, pero seguro iba uno de los dos que acabaron transformándose en Jaylen Brown y Jayson Tatum – a cambio de la primera ronda de los Charlotte Hornets con la intención de elegir con ella a Justice Winslow.

El botín habría dotado de las piezas suficientes a Charlotte como para montar un equipo mínimamente competitivo, mientras que habría dejado el destino de los Boston Celtics en manos de un jugador al que las lesiones han impedido alcanzar su techo. Finalmente, Michael Jordan rechazó el traspaso ante su firme intención de elegir a un Frank Kaminsky al que ni siquiera ha extendido la Qualifying Offer este verano.

Cuatro años después, cuando la apuesta más fuerte realizada por Danny Ainge desde el traspaso de Paul Pierce y Kevin Garnett salió rana, una mezcla de tacañería – un contrato máximo a Kemba Walker habría metido a los Charlotte Hornets en zona de impuesto de lujo durante bastante tiempo – e incompetencia – Nicolas Batum es el mejor jugador que ha tenido a su lado el base en ocho años en la NBA – han permitido la salida de Walker al mercado.

 

Un caramelo para Brad Stevens

Kemba Walker será el tercer base del NBA Draft 2011 y el cuarto All-NBA que entrenará Brad Stevens en su carrera tras Rajon Rondo, Isaiah Thomas y Kyrie Irving. Sobre el papel, el ajuste del base en el sistema del entrenador de Indiana debería ser casi inmediato al ser un jugador muy parecido en estilo y características al enano.

Lo que pasará dentro de la cancha es algo que analizaremos con más profundidad en un artículo dedicado en exclusiva a ese tema durante la próxima semana, pero a día de hoy es lo menos preocupante en los Boston Celtics. A fin de cuentas, pese al desastre que fue la temporada pasada, Kyrie Irving fue capaz de brillar a nivel individual, firmando sus mejores guarismos en asistencias, rebotes, robos y eficiencia. Sin intención alguna de gafar al jugador, podemos afirmar que Brad Stevens siempre ha sido capaz de sacar lo mejor de sus bases.

Como decía, los mayores temores se centran ahora mismo en lo extradeportivo. Es muy fácil culpar a Kyrie Irving de todo lo malo acaecido en Boston pero, pese a que todas las informaciones y su historial en Cleveland indican que gran parte de la leña en el fuego era de su propiedad, es absurdo pensar que toda culpa es suya. Los jugadores jóvenes, en espacial Jaylen Brown y Terry Rozier, también fueron partícipes del desastre; sin olvidarnos de un Brad Stevens que perdió el control de su vestuario casi en octubre.

En este aspecto, todas las personas cercanas a Charlotte y al jugador hablan maravillas de él tanto dentro de la pista, algo obvio para todo aquel que tenga dos ojos y un League Pass, como fuera. Hablan de él como un líder nato, que hace mejores a sus compañeros y que tiene su mente focalizada en ganar.

Aún no ha disputado ni un minuto con los Boston Celtics, aún no se ha puesto una camiseta verde, por lo que está todo por ver. Pero todo lo que sabemos sobre Kemba Walker debería hacer sonreír a Brad Stevens.

 

Por parte del jugador, este es el grupo de jugadores con más talento que ha tenido nunca a su alrededor y, durante la noche de ayer, ya se filtró su emoción ante la oportunidad de jugar con Gordon Hayward y el núcleo joven liderado por Marcus Smart, Jaylen Brown y, sobre todo, un Jayson Tatum con el que por lo visto ya discutió la posibilidad de unirse a los Celtics el pasado fin de semana – durante un evento en Londres en el que el aleto anunció su acuerdo con Jordan Brand.

 

Boston y el mito de la agencia libre

La salida de Al Horford, con un legado en Boston y conexión con los seguidores mucho mayor de la que nunca tendrá Kyrie Irving, pese a simbólica y dolorosa abría a su vez un espacio salarial suficiente como para ofrecer un contrato máximo a cualquier agente libre.

Mientras los bufones generales del reino sacaban manidos datos de lo poco atractivo que ha sido históricamente Boston en la agencia libre, los aficionados se preguntaban si los problemas internos que han tenido durante los últimos 10 meses los Boston Celtics afectarían en la opinión de los agentes libres en el futuro. Sobre todo si tenemos en cuenta la popularidad de Kyrie Irving dentro de la liga.

El problema es que hay un pequeño detalle que estos profesionales del entretenimiento tienden a olvidar y es que, desde el nacimiento de la agencia libre moderna tal y como la conocemos – piensen en la salida de Shaquille O´Neal de Orlando, Boston nunca tuvo espacio salarial suficiente como para ofrecer a un agente libre hasta el año 2016. La absoluta negligencia y estrechez de miras de Rick Pitino primero, y la configuración del Big Three después, saturaron el libro de cuentas de los verdes durante dos décadas.

Desde entonces, los Boston Celtics han sido capaces de atraer una estrella cada uno de los veranos que han tenido espacio salarial disponible para ofrecer un contrato máximo.:

  • Al Horford en 2016.
  • Gordon Hayward en 2017.
  • Kemba Walker en 2019.

Incluso antes del nacimiento de la ya citada agencia libre moderna, Dominique Wilkins ya firmó por unos Boston Celtics muy venidos a menos durante el verano de 1994.

Si algo ha terminado de demostrar esta semana es que la leyenda de Boston como repelente de grandes jugadores es simplemente un mito… y que la imagen de Kyrie Irving ha salido más dañada que la de la franquicia tras esta temporada para el olvido.