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Llegaban los Boston Celtics a su inicio de la temporada 2018/19 con muchas dudas por el mal nivel de forma y juego mostrado durante la corta pre-temporada , pero a la vez, con ganas de demostrar que la última semana de entrenamientos había sido tan buena como los jugadores se cansaron de repetir durante los días previos.

 

Sin variaciones sobre el plan previsto, Brad Stevens presentó el mejor quinteto (Kyrie irving, Jaylen Brown, Gordon Hayward, Jayson tatum y Al Horford) sobre el papel si miramos las medias del 2K, pero seguramente no el más efectivo a día de hoy. Tras doce y seis meses de baja respectivamente, Gordon Hayward y Kyrie Irving se mostraron faltos de piernas y desacertados en el tiro durante toda la noche; y aunque el de Indiana fue el estímulo del equipo durante el inicio del segundo cuarto (cuatro puntos, un rebote ofensivo y un robo en menos de un minuto), el oriundo de Australia no encontró el aro en ningún momento.

Por parte de los Philadelphia 76ers, Ben Simmons jugó a un nivel altísimo que no supieron aprovechar del todo sus compañeros. Joel Embiid presentó buenos guarismos pero estuvo perfectamente controlado por Al Horford y dominado por un Aron Baynes que no le dejó dar un paso sin sudárselo. Había muchas expectativas por ver cómo habían crecido ambos jugadores durante el verano pero a día de hoy el point-forward sigue sin ser una amenaza a dos metros del aro y Embiid sigue perdiendo un número de balones absurdamente alto. El propio jugador definiría la situación de ambas franquicias con una honestidad brutal.

Sobre Markelle Fultz no vamos a hablar porque en esta casa sentimos un profundo aprecio por el jugador y aún nos duele ver lo que apuntaba que podía ser, JJ Redick fue mucho más efectivo para su equipo cuando ocupó el lugar de un sophomore del que ya preocupa más que haya perdido su instinto anotador que su lastimera mecánica de tiro.

Jayson Tatum y el banquillo ganan el partido

El que sí está cumpliendo todo lo que prometía y un poco más es Jayson Tatum. El alero y aún jugador más joven de los Boston Celtics fue la principal referencia ofensiva durante todo el partido, arrancó el encuentro marcando el ritmo y no descansaría hasta irse con 23 puntos, 9 rebotes y 5 asistencias. Que en una noche en la que sus tres principales estrellas se quedan en 26 puntos, con un 10 de 33 en tiros de campo y los Orgullosos Verdes superen por 18 puntos a uno de los principales candidatos al trono de la Conferencia Este, solo se explica por la irrupción del de San Louis… y un banquillo que posiblemente podría entrar en Playoffs.

Marcus Smart, Terry Rozier, Aron Baynes y Marcus Morris son cuatro jugadores con calidad más que suficiente para ser titulares en casi cualquier equipo de la NBA y que los Boston Celtics se puedan permitir tenerlos en el banquillo es un lujo casi absurdo, solo explicado por los aciertos de un frontoffice que lleva cinco años inmaculados. Entre los cuatro sumaron un total de 44 puntos y Brad Stevens no estuvo corto de palabras hacia ellos, en especial destacó la mentalidad de un Morris que:

“(…) podría jugar 34/38 minutos en otros equipos pero acepta perfectamente su rol. Le pedimos más que a nadie y lo hace. No aprecio a nadie más de lo que le aprecio a él“.

Tras cuatro cuartos, la buena defensa de Boston y su mejor selección de tiro, al menos según los preceptos modernos (33 puntos para Boston desde la línea de tres por 15 de Philadelphia) dieron un partido a los Celtics que se encargó de cerrar Jaylen Brown con la mejor jugada de la noche: el primer mate a tablero de la historia (Gonzalo Vázquez dixit).

Ahora mismo los Boston Celtics siguen un paso por delante de los Philadelphia 76ers aún con sus dos mejores jugadores a años luz de su mejor estado de forma, pero a falta de ver a Giannis Antetokounpo es evidente que ambos equipos son un vergel de talento. Es alucinante pensar que en julio una de las dos volverá a tener la ocasión de añadir a uno de los mejores jugadores jóvenes del mundo vía Sacramento.