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Hay veces que una noticia puede ser buena y mala a la vez. Uno puede tener mucho tiempo libre pero que esto sea a causa de que ten han despedido del trabajo y tu novia te ha dejado, por ejemplo. O puede encantarte el baloncesto y que seas de los Phoenix Suns. Las cosas rara vez son 100 % positivas en esta vida, y más en los Boston Celtics, donde solo se han vivido dos temporadas desde 1987 sin lesiones importantes en el quinteto titular.


Si por un lado todos los aficionados de los Celtics están contentos ante la asombrosa evolución como jugador, tanto dentro como fuera de la pista de Jaylen Brown, el hecho de que haya comenzado la temporada siendo el mejor jugador del equipo es imposible que no te deje un regusto amargo. Porque sí, nos alegramos de ver la progresión del joven de tan solo 20 años, pero nos gustaría que Gordon Hayward estuviese sano. O que Kyrie Irving hubiese dado un paso al frente.

El caso es que esto no es así, Gordon Hayward estará al menos 5 meses de baja y Kyrie Irving necesita tiempo de adaptación, como todo jugador. El base es el que más complicado tenía la adaptación al sistema de Brad Stevens… quizás solo detrás de Gordon Hayward. El alero no había jugado nunca al lado de un base de titular de garantía (este nunca incluye incluso su época universitaria), ahora pasaba a hacerlo con tres (Kyrie Irving, Marcus Smart y Al Horford). Tampoco era fácil el reto para el base, que no solo ha dejado de jugar a la sombra de LeBron James sino que está jugando el pace más alto de toda su carrera NBA y teniendo el balón en sus manos menos que casi nunca – su segundo use rating más bajo.

Con una pre-temporada donde hasta 11 jugadores salieron de los Boston Celtics, y un inicio de año que se torció a los 5 minutos de comenzar la campaña, el nivel mostrado por Jaylen Brown es la mejor noticia en Massacusetts. Incluso por encima de las buenísimas sensaciones están dejando tanto Terry Rozier como Jayson Tatum.

En tres partidos en los que se ha enfrentado a LeBron James, Giannis Antetokounpo y Ben Simmons, el alero de Atlanta ha promediado 17.3 puntos, 6.3 rebotes y 1.3 robos. Todo ello lanzando 51.6 % de campo y al 31.3 % desde la línea de tres.Y hasta aquí los números, que si bien son impresionantes para un sophomore de apenas 20 años, lejos están de ser lo mejor que está ofreciendo el alero.


Lo que está haciendo de Jaylen el mejor jugador de los Boston Celtics durante este inicio de año es que está siendo su líder. Tras la lesión de Gordon Hayward solo él y Marcus Smart se atrevieron a lanzar (y fallar) durante el primer y segundo cuarto, y a lanzar (y meter) durante el tercero y el cuarto. Brown está siendo la primera opción del equipo durante los primeros compases de los partidos, asumiendo tanto los tiros que ha dejado Gordon Hayward como muchas de las jugadas que se diseñaron en su día para Avery Bradley.

Los 21.6 tiros que toma de media cada partido están incluso por encima de sus datos universitarios. Y recordemos, lo está haciendo contra a posiblemente dos de los tres mejores aleros del mundo – al menos dos de los tres mejores sanos. Jaylen Brown parece que ha encontrado su lugar en la liga y si el año pasado pecaba muchas veces de no atreverse o dudaba demasiado sobre qué hacer, ahora lo tiene meridianamente claro: correr, atacar el aro y tirar.

 

Sus cabalgadas a campo abierto son prácticamente indefendibles, mejorando mucho sus finalizaciones tras contacto y sus recursos a la hora de esquivar al último defensor o, en su defecto, poner al mismo en una situación imposible entre la canasta y la falta. Está seleccionando mucho mejor cuando tirar y cuando penetrar, leyendo bien los emparejamientos y, lo más importante, pensando menos y atacando más.

La gran duda que hay en la cabeza de todos los aficionados de los Boston Celtics es si Jaylen Brown podrá mantener este nivel durante todo el año; ya en el encuentro de los Philadelphia 76ers bajó el pistón un poco, aunque hay que reconocerle que era su tercer partido en cuatro noches tras haber bailado con las más feas de la ciudad. La respuesta es muy sencilla: da igual que lo haga.

Da igual que lo haga porque lo normal sería que no lo hiciera. El nivel demostrado durante estos tres primeros partidos no es el propio de un chaval de 20 años. Sí, pensarán, son solo tres partidos, pero créanme: si no hubieran sido contra esos rivales y en estas circunstancias, no estaría escribiendo estas líneas.

En un momento de necesidad, y cuando la mayoría no sabía cómo responder, Jaylen Brown ha cogido las riendas de un equipo necesitado de identidad, demostrando una personalidad sorprendente, que lo llevará hasta donde él quiera.

 

 

Foto: Nil Alemany (SB)